El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Nacimos casi que juntos de seguro,
Fresno de crecer ligero.
Tuviste peste y amores,
un palito, allá de niño, que te guiaba.
Cuño real en tu piel adulta
un corazón con dos nombres grabados.
Entre el ronco decir de los motores
vas con tu firme estoicismo.
Alzando al aire tu copa rebosante que tiembla,
como en manos del anciano creador de este mundo.
Brindamos cada año, amigo,
aunque nadie sabe bien como es esto que nos sucede.
Intentamos buscarle explicaciones,
aferrarnos aquí mientras nos vamos.
La copa del tiempo...,
medio llena,
medio vacía...
Yo lo he oído tintinear en la tormenta,
en el árbol de una esquina.
Sube y sube cada año,
el cristal opaco de sus ramas
dejando atrás el cemento apilado por los hombres.
Buscando la libertad de cuatro vientos,
acogiendo a las aves.
Brindándose natural y clara
entre los que invertimos nuestra esperanza
en un banco de niebla,
que nos roe el mármol de la piel,
en nuestro triste deber de estatuas.
Fresno de crecer ligero.
Tuviste peste y amores,
un palito, allá de niño, que te guiaba.
Cuño real en tu piel adulta
un corazón con dos nombres grabados.
Entre el ronco decir de los motores
vas con tu firme estoicismo.
Alzando al aire tu copa rebosante que tiembla,
como en manos del anciano creador de este mundo.
Brindamos cada año, amigo,
aunque nadie sabe bien como es esto que nos sucede.
Intentamos buscarle explicaciones,
aferrarnos aquí mientras nos vamos.
La copa del tiempo...,
medio llena,
medio vacía...
Yo lo he oído tintinear en la tormenta,
en el árbol de una esquina.
Sube y sube cada año,
el cristal opaco de sus ramas
dejando atrás el cemento apilado por los hombres.
Buscando la libertad de cuatro vientos,
acogiendo a las aves.
Brindándose natural y clara
entre los que invertimos nuestra esperanza
en un banco de niebla,
que nos roe el mármol de la piel,
en nuestro triste deber de estatuas.