minsandi
Poeta fiel al portal
Hoy mi corazón arde con fuego
deseando tener labios de profeta,
para consumir con ojos ardorosos
las manos cargadas de indiferencia,
saturadas de la muerte venenosa
que en las mentes sus capullos siembra.
Quisiera tener en mi alma los oráculos
denunciantes de la árida pobreza
del amor, la lealtad y la esperanza
en los ojos que por el mundo tropiezan.
¡Quién me diera el verso profundo
que atraviese con firmeza las conciencias,
para consumir la aspereza de las mentes
agotadas en el egoísmo que las encierra!
Quiero denunciar las contradicciones
que el dinero trae a cada mesa,
la corrupción de los hombres en las sillas
desde las cuales dicen que gobiernan;
la lenta agonía de las joyas familiares
cuando los ladrones de sueños las golpean;
la inocencia ultrajada de los pequeñitos
que lloran por un dolor sembrado en sus conciencias;
la soledad que en las calles palpita
entre los corazones embriagados con ella.
Y aún así, me atrevo a llamar al amor,
a la esperanza, a la verdad, a la mano honesta,
y al reino poderoso e invencible
que transforma en jardines, las conciencias,
al que le abro las puertas de mi alma,
deseosa de tener, labios de profeta.
deseando tener labios de profeta,
para consumir con ojos ardorosos
las manos cargadas de indiferencia,
saturadas de la muerte venenosa
que en las mentes sus capullos siembra.
Quisiera tener en mi alma los oráculos
denunciantes de la árida pobreza
del amor, la lealtad y la esperanza
en los ojos que por el mundo tropiezan.
¡Quién me diera el verso profundo
que atraviese con firmeza las conciencias,
para consumir la aspereza de las mentes
agotadas en el egoísmo que las encierra!
Quiero denunciar las contradicciones
que el dinero trae a cada mesa,
la corrupción de los hombres en las sillas
desde las cuales dicen que gobiernan;
la lenta agonía de las joyas familiares
cuando los ladrones de sueños las golpean;
la inocencia ultrajada de los pequeñitos
que lloran por un dolor sembrado en sus conciencias;
la soledad que en las calles palpita
entre los corazones embriagados con ella.
Y aún así, me atrevo a llamar al amor,
a la esperanza, a la verdad, a la mano honesta,
y al reino poderoso e invencible
que transforma en jardines, las conciencias,
al que le abro las puertas de mi alma,
deseosa de tener, labios de profeta.