Alejandro Figueroa
Poeta recién llegado
Cumbres de barro mucre
donde mis sentidos comestibles
son el mal dormir de las piedras,
los nervios degollan el prado del alba
que yace en el cuerpo abatido
de un pensamiento succionado.
Desde la estoica penumbra
que sigue en mi cabeza sumergida
llego a la orilla de un siempre retorno,
las yagas purulentas del manantial
quebradas forman un libro sin rostro
en el cojín de los sueños de alfiler.
Los brotes de las emociones grises
colgados de las agónicas estructuras,
todo lo demás es incierto de humo
como apuñalarme la mano gentil
cuando las venas del recuadro sutil
son dardos con plumas de coágulos.
Abrazar entre presente de cenizas
desde lo inalcanzable y cansado,
me hundo en la boca de mercurio
el fango bajo el sol es perpetuo
y el cuervo está en esa puerta doblada
cuando intento alcanzar lo que no existe.
donde mis sentidos comestibles
son el mal dormir de las piedras,
los nervios degollan el prado del alba
que yace en el cuerpo abatido
de un pensamiento succionado.
Desde la estoica penumbra
que sigue en mi cabeza sumergida
llego a la orilla de un siempre retorno,
las yagas purulentas del manantial
quebradas forman un libro sin rostro
en el cojín de los sueños de alfiler.
Los brotes de las emociones grises
colgados de las agónicas estructuras,
todo lo demás es incierto de humo
como apuñalarme la mano gentil
cuando las venas del recuadro sutil
son dardos con plumas de coágulos.
Abrazar entre presente de cenizas
desde lo inalcanzable y cansado,
me hundo en la boca de mercurio
el fango bajo el sol es perpetuo
y el cuervo está en esa puerta doblada
cuando intento alcanzar lo que no existe.
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