Alejandro Leza
Poeta recién llegado
El arraigo a tu cama me consume;
porque el aroma de esas gotas en tu cuello,
siempre permanece;
recorriendo mi memoria y desatando
los motivos que me obligan
a besar tu piel;
a sentir el ansia de tu sangre
bajo el velo tibio que se estremece,
si mis labios rozan ahí donde te pierdes.
El arraigo a tu cama me revive;
cuando sujeto tus muñecas
mientras el peso de mi cuerpo,
aprisiona tus ganas de que me funda en ti;
que te torture,
que arranque la vida de tus labios
que con un gemido me liberan.
El arraigo a tu cama me esclaviza;
como cuando el puente en tu cadera
busca el ariete que tan solo se pasea,
a las puertas del nirvana;
lo sé... Lo sé porque es arena ansiosa
de la humedad que tú quisieras,
deposite en la entrepierna.
El arraigo a tu cama me pervierte,
porque el grito de tu alma aún dispuesta
a derrumbarse junto al ego,
no revierte mi deseo
de andar primero por los montes y no los valles;
y así imagino tu mirada sobre mi,
bajando por tus pechos,
por tu vientre,
por tu pelvis
que le ordena a esas piernas,
que aprisionen al migrante que ha llegado,
a beber por siempre de tu fuente.
El arraigo a tu cama me seduce,
porque aún el dulce de tu miel
que se escurre de mi boca,
me recuerda que deseas otra prosa;
y dejo que me arrullen tus demandas,
que tus manos estiren de mis ganas,
que mis ojos se junten con los tuyos...
que mi sable acaricie tus entrañas.
El arraigo a tu cama siento que me mata;
cuando tomas con tus manos
al altivo consorte que se agita con tu toque,
mientras a lo lejos el susurro de tu boca
cuando dices "eres mío",
enciende mi deseo por conquistar tu vientre.
Y así somos unidad,
una y mil veces cuando contemplo tu mirada,
mientras la tibieza que resbala por tu ingle,
me recuerda que tú...
Tú me arraigas a la cama.
porque el aroma de esas gotas en tu cuello,
siempre permanece;
recorriendo mi memoria y desatando
los motivos que me obligan
a besar tu piel;
a sentir el ansia de tu sangre
bajo el velo tibio que se estremece,
si mis labios rozan ahí donde te pierdes.
El arraigo a tu cama me revive;
cuando sujeto tus muñecas
mientras el peso de mi cuerpo,
aprisiona tus ganas de que me funda en ti;
que te torture,
que arranque la vida de tus labios
que con un gemido me liberan.
El arraigo a tu cama me esclaviza;
como cuando el puente en tu cadera
busca el ariete que tan solo se pasea,
a las puertas del nirvana;
lo sé... Lo sé porque es arena ansiosa
de la humedad que tú quisieras,
deposite en la entrepierna.
El arraigo a tu cama me pervierte,
porque el grito de tu alma aún dispuesta
a derrumbarse junto al ego,
no revierte mi deseo
de andar primero por los montes y no los valles;
y así imagino tu mirada sobre mi,
bajando por tus pechos,
por tu vientre,
por tu pelvis
que le ordena a esas piernas,
que aprisionen al migrante que ha llegado,
a beber por siempre de tu fuente.
El arraigo a tu cama me seduce,
porque aún el dulce de tu miel
que se escurre de mi boca,
me recuerda que deseas otra prosa;
y dejo que me arrullen tus demandas,
que tus manos estiren de mis ganas,
que mis ojos se junten con los tuyos...
que mi sable acaricie tus entrañas.
El arraigo a tu cama siento que me mata;
cuando tomas con tus manos
al altivo consorte que se agita con tu toque,
mientras a lo lejos el susurro de tu boca
cuando dices "eres mío",
enciende mi deseo por conquistar tu vientre.
Y así somos unidad,
una y mil veces cuando contemplo tu mirada,
mientras la tibieza que resbala por tu ingle,
me recuerda que tú...
Tú me arraigas a la cama.