OH CUAM TRISTIS
Poeta recién llegado
Postrado en el lecho de las dudas.
Si aún sentiré o si la agonía me despierta.
O si un espasmo de la espada aguda
me avise si mis sueños aún están alertas.
¿Qué se siente caminar en el espejismo de la vida?
Saber que atravesé un desierto para saber que no existías.
Y charlando con la fe me dijo que no hay garantía
para el alivio que intercambio por mi alegría.
Arrúllame la canción de cuna del dolor
Y reposo mi cabeza en el pecho de la angustia,
y así duermo hasta que nace el sol,
le preparo el desayuno a mi vida injusta.
Y cuando veo que el ayer en su futuro meditó
y se dio cuenta que estaba muerto
reconozco que así preví el mañana hoy
y supe que también estaría desierto.
Y perezco. Y renazco para volver a perecer.
Pues soñar ya no es el fiel atajo
que un día alivió el alma de mi ser.
¿Quién tendrá piedad de éste adolecido humano?
¿Serán tus labios? ¿O será la misericordia del caos?
Quien quiera que sea que ya me extienda su mano
y me abrace tan fuerte para nunca más soltarnos.
¿Quién me acostará en la cuna del encanto
y me dará el beso de las buenas noches?
¿Seguirá siendo la madre de mis quebrantos?
¿O será el suspiro de mis reproches?
No sé quién será, pero que me bese
aunque sea con desprecio y burla.
Talvez así ya nunca regrese
a mi eterno dolor, ésta maldita mea culpa.
Si aún sentiré o si la agonía me despierta.
O si un espasmo de la espada aguda
me avise si mis sueños aún están alertas.
¿Qué se siente caminar en el espejismo de la vida?
Saber que atravesé un desierto para saber que no existías.
Y charlando con la fe me dijo que no hay garantía
para el alivio que intercambio por mi alegría.
Arrúllame la canción de cuna del dolor
Y reposo mi cabeza en el pecho de la angustia,
y así duermo hasta que nace el sol,
le preparo el desayuno a mi vida injusta.
Y cuando veo que el ayer en su futuro meditó
y se dio cuenta que estaba muerto
reconozco que así preví el mañana hoy
y supe que también estaría desierto.
Y perezco. Y renazco para volver a perecer.
Pues soñar ya no es el fiel atajo
que un día alivió el alma de mi ser.
¿Quién tendrá piedad de éste adolecido humano?
¿Serán tus labios? ¿O será la misericordia del caos?
Quien quiera que sea que ya me extienda su mano
y me abrace tan fuerte para nunca más soltarnos.
¿Quién me acostará en la cuna del encanto
y me dará el beso de las buenas noches?
¿Seguirá siendo la madre de mis quebrantos?
¿O será el suspiro de mis reproches?
No sé quién será, pero que me bese
aunque sea con desprecio y burla.
Talvez así ya nunca regrese
a mi eterno dolor, ésta maldita mea culpa.
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