Ya no sé despedirme.
Me olvidé las palabras.
Sólo me queda un verso,
una imagen furtiva,
y algún as en la manga.
La velada trasciende.
Sólo puedo extrañarte.
Dejar que todo pase.
Dejarnos en el aire.
Y sólo ahí,
la vigorosa noche
recibirá el encanto,
de las bellas doncellas,
que parieron los besos
que me fueron matando.
Pero hay una más alta,
que sólo sé su risa.
Que se quedó conmigo
tronando en vendavales.
Ni siquiera la muerte,
con su traje de olvido,
negro,
pudo tocar su boca
que cantaba en el viento.
Temblorosa y atónita.
Como un hada indecible.
Como un verso sediento.
Como un mástil azul,
ya despedido.
Hoy.
Solo para mí.
Aguardando.
Se queda alguna risa
tronando en el desierto.
Tembloroso y atónito.
Como un as solitario.
Como un verso, sediento.
Me olvidé las palabras.
Sólo me queda un verso,
una imagen furtiva,
y algún as en la manga.
La velada trasciende.
Sólo puedo extrañarte.
Dejar que todo pase.
Dejarnos en el aire.
Y sólo ahí,
la vigorosa noche
recibirá el encanto,
de las bellas doncellas,
que parieron los besos
que me fueron matando.
Pero hay una más alta,
que sólo sé su risa.
Que se quedó conmigo
tronando en vendavales.
Ni siquiera la muerte,
con su traje de olvido,
negro,
pudo tocar su boca
que cantaba en el viento.
Temblorosa y atónita.
Como un hada indecible.
Como un verso sediento.
Como un mástil azul,
ya despedido.
Hoy.
Solo para mí.
Aguardando.
Se queda alguna risa
tronando en el desierto.
Tembloroso y atónito.
Como un as solitario.
Como un verso, sediento.