Baltazar Peña
Poeta recién llegado
ASESINATO DE UN ANGEL
(Este poema nace después de leer un artículo sobre el aborto, quizás no lo considere el mejor de de mi autoría pero sin duda es crudo y conmovedor.
Mis ojos se aguaron,
mi piel frígida se erizo,
aspiré aire en gajos de metralla,
frente a la sangrienta barbarie
que mis ojos rociados no evitaron.
Las crudas imágenes de pavor,
que morosas desfilaban ante mí,
quedando posado cual estatua,
de piedra gélida e impasible.
Presenciaba frente a frente,
las mas descriptiva evidencia
de un asesinato orquestado,
muy fríamente ejecutado,
con alevosía y ventaja
de una criatura inocente.
Concebido hace unos meses,
casto; apacible, sin malicia,
de salud propia gozaba
y dulce, su dedito chupaba.
Invaden su santuario
y al sentir el fórceps frió,
él, se agita y se replega,
como intentando esquivar
aquel embate armado y furtivo.
Al tanteo le logran asir,
aplicando férrea presión
a sus rosadas piernitas,
y se las halan sin compasión,
¡convulsionando de dolor!.
Violentamente contorsiona,
tira su cabecita hacia atrás,
¡extremidades son desmembradas!
Un baño de sangre se vierte
y la cánula a tropel la succiona.
Tronco y cabeza es separado,
le despachurran la cabecita,
y un ojito se desprende
de su orbita natural,
deslizándose hacia fuera.
En inexpiable giro
se voltea hacia arriba,
y en mirada postrera
hurga a su ejecutor.
¡Al que le arrebato la vida,
Aun antes de nacer!
Baltazar Peña
Febrero 25 de 2009
(Este poema nace después de leer un artículo sobre el aborto, quizás no lo considere el mejor de de mi autoría pero sin duda es crudo y conmovedor.
Mis ojos se aguaron,
mi piel frígida se erizo,
aspiré aire en gajos de metralla,
frente a la sangrienta barbarie
que mis ojos rociados no evitaron.
Las crudas imágenes de pavor,
que morosas desfilaban ante mí,
quedando posado cual estatua,
de piedra gélida e impasible.
Presenciaba frente a frente,
las mas descriptiva evidencia
de un asesinato orquestado,
muy fríamente ejecutado,
con alevosía y ventaja
de una criatura inocente.
Concebido hace unos meses,
casto; apacible, sin malicia,
de salud propia gozaba
y dulce, su dedito chupaba.
Invaden su santuario
y al sentir el fórceps frió,
él, se agita y se replega,
como intentando esquivar
aquel embate armado y furtivo.
Al tanteo le logran asir,
aplicando férrea presión
a sus rosadas piernitas,
y se las halan sin compasión,
¡convulsionando de dolor!.
Violentamente contorsiona,
tira su cabecita hacia atrás,
¡extremidades son desmembradas!
Un baño de sangre se vierte
y la cánula a tropel la succiona.
Tronco y cabeza es separado,
le despachurran la cabecita,
y un ojito se desprende
de su orbita natural,
deslizándose hacia fuera.
En inexpiable giro
se voltea hacia arriba,
y en mirada postrera
hurga a su ejecutor.
¡Al que le arrebato la vida,
Aun antes de nacer!
Baltazar Peña
Febrero 25 de 2009