El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
¡La familia unida!
Los domingos,
a veces empiezan tarde
con temblor y náusea.
Cansado de estar cansado.
Entonces,
sin invitación,
se dan cita todos.
Los problemas se me instalan en la habitación,
y me toman el tinto y la soda
sin pedirme permiso.
De a poco llegan y me resigno.
Están todos.
Se quejan de la poca ventilación
y la falta de televisores.
Mientras fuman furibundos toscanos.
Discuten entre sí y conmigo,
que no contesto.
Absorto me quedo,
sin ánimo de defenderme,
revuelvo el vaso ya sin burbuja ninguna
por décima vez en una hora.
Quisiera,
ya,
beber algo cierto.
No espejismo.
Me cambian el dial y ponen el partido,
y ahí se completa la estocada:
Argentinos Juniors pierde tres a cero…
Esquivando las boletas ya vencidas,
me incorporó y salgo afuera.
Pero ellos me persiguen.
Me tironean,
me piden que me rinda,
que te olvide.
Más vino me piden…
Y yo les doy el gusto,
como siempre,
y en vez de soluciones
pateo todo para luego.
Para el lunes primero de enero
de vaya a saber que era.
Miro el anochecer del domingo.
El poniente,
recortado por los árboles,
abre el abanico:
Melancólico pavo real,
flecha de lunes,
Jungla de cemento.
“La vieja selva llora tanto
que ya está podrida la tierra”
Cosas de hechicería,
abrí justo en esa hoja.
Completo con mi letra:
“Sobre ella espera este león sin melena.
Llenando todos los casilleros de la derrota.
Esperando sacarte, tontamente,
en algún sorteo.”
No hay que escribir los libros.
Hay que vivir,
me digo.
Cierro a Neruda para ver a ver surgir la Luna
entre la poca luz que queda.
Me siento en la parecita de cemento.
Así de duro y simple es, también, como no te tengo.
“umbrío por la pena,
casi bruno.”
Esa frase final me robo
ya que mejor no podría haberlo definido.
Domingo,
ponerle algo de belleza a la tristeza,
resaca,
Buenos Aires,
son los vicios que aún me quedan...
(La primera frase es de Neruda, la segunda creo de Miguel Hernández)
Los domingos,
a veces empiezan tarde
con temblor y náusea.
Cansado de estar cansado.
Entonces,
sin invitación,
se dan cita todos.
Los problemas se me instalan en la habitación,
y me toman el tinto y la soda
sin pedirme permiso.
De a poco llegan y me resigno.
Están todos.
Se quejan de la poca ventilación
y la falta de televisores.
Mientras fuman furibundos toscanos.
Discuten entre sí y conmigo,
que no contesto.
Absorto me quedo,
sin ánimo de defenderme,
revuelvo el vaso ya sin burbuja ninguna
por décima vez en una hora.
Quisiera,
ya,
beber algo cierto.
No espejismo.
Me cambian el dial y ponen el partido,
y ahí se completa la estocada:
Argentinos Juniors pierde tres a cero…
Esquivando las boletas ya vencidas,
me incorporó y salgo afuera.
Pero ellos me persiguen.
Me tironean,
me piden que me rinda,
que te olvide.
Más vino me piden…
Y yo les doy el gusto,
como siempre,
y en vez de soluciones
pateo todo para luego.
Para el lunes primero de enero
de vaya a saber que era.
Miro el anochecer del domingo.
El poniente,
recortado por los árboles,
abre el abanico:
Melancólico pavo real,
flecha de lunes,
Jungla de cemento.
“La vieja selva llora tanto
que ya está podrida la tierra”
Cosas de hechicería,
abrí justo en esa hoja.
Completo con mi letra:
“Sobre ella espera este león sin melena.
Llenando todos los casilleros de la derrota.
Esperando sacarte, tontamente,
en algún sorteo.”
No hay que escribir los libros.
Hay que vivir,
me digo.
Cierro a Neruda para ver a ver surgir la Luna
entre la poca luz que queda.
Me siento en la parecita de cemento.
Así de duro y simple es, también, como no te tengo.
“umbrío por la pena,
casi bruno.”
Esa frase final me robo
ya que mejor no podría haberlo definido.
Domingo,
ponerle algo de belleza a la tristeza,
resaca,
Buenos Aires,
son los vicios que aún me quedan...
(La primera frase es de Neruda, la segunda creo de Miguel Hernández)
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