Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
ATREVIDAS HORAS
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En esta vida
en esta soledad inmensa
en estas tardes
con esas voces
Esta atosigante brisa de las sombras;
que gira enfadada por las coces,
de un sol ya muerto, sin fuego, yerto
enterrado en horizontes,
a estas atrevidas horas
les dejó encriptadas con sus roces
esas túrbidas y solitarias voces.
Pues ya no las nombra.
ya no las mira.
ni ya las conoce.
Esa agua que por más pura que cayendo vuele,
en los fríos cuando la lanzan los cántaros del cielo;
y logra que el polvo seco y mudo, suene,
derribándose sobre él como un pesado velo.
dando el sonido amargo,
que estas mis horas tienen.
Estas pisadas mías que más bien no aplastan
cuando avanzan y tocan,
ni al torreón, ni a la escarcha, ni a la tierra cuando llueve,
ni a la grama, ni a las aguas derramadas,
ni a la arena de los mares con sus hundidas olas
ni a sus huellas desconocidas por los ciegos,
ni a la cama de los ebrios de esas copas.
ni a los sueños entrañables
con los que su desnudez arropan
las miles gentes que en tumulto claman
ni mis pasos
mueven los montes,
... solo besan las rocas,
las mal encendidas rocas.
Esas miradas de dimensiones varias,
que mudo para el tiempo por esos misterios;
de esos cristales más puros que la mortuoria,
oración de un deudo en un cementerio.
cuando fluyen esas aguas en sus horas contrarias.
Estas horas grises que pasan muy lentas,
carcomiendo con crueldad estas mis entrañas,
( y en cada segundo y en cada minuto a tientas,
está mi mano herida buscando tu agua ).
son del reloj más negro que me dan estos días
donde yo agonizo
y parece que el mundo está en fiesta
Y todo en ésta vida del silencio tuyo
a mi me agrede,
con gran desparpajo y atrevimiento;
pero ni el día, ni las tardes,
ni las oraciones de las noches
cuando no sabes que cae la nieve
y ni siquiera el más noble sentimiento,
apartarme del bien de tu alma, de tu dicha,
y tu desdicha
de tu paz y de tu orgullo,
ni aún puede.
¡Oh atrevidas horas de tu ausencia negra
con el hielo más rotundo aquí en mis huesos
horas atrevidas, duras como piedras
e insomnes como los ojos
de esas mañanas duras de las guerras
de esos cuarteles!
¡Oh atrevidas horas de tu ausencia, insurrectas
impertinentes, viles, desdichadas
oscuras, tétricas y crueles!.
&&&&&&
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En esta vida
en esta soledad inmensa
en estas tardes
con esas voces
Esta atosigante brisa de las sombras;
que gira enfadada por las coces,
de un sol ya muerto, sin fuego, yerto
enterrado en horizontes,
a estas atrevidas horas
les dejó encriptadas con sus roces
esas túrbidas y solitarias voces.
Pues ya no las nombra.
ya no las mira.
ni ya las conoce.
Esa agua que por más pura que cayendo vuele,
en los fríos cuando la lanzan los cántaros del cielo;
y logra que el polvo seco y mudo, suene,
derribándose sobre él como un pesado velo.
dando el sonido amargo,
que estas mis horas tienen.
Estas pisadas mías que más bien no aplastan
cuando avanzan y tocan,
ni al torreón, ni a la escarcha, ni a la tierra cuando llueve,
ni a la grama, ni a las aguas derramadas,
ni a la arena de los mares con sus hundidas olas
ni a sus huellas desconocidas por los ciegos,
ni a la cama de los ebrios de esas copas.
ni a los sueños entrañables
con los que su desnudez arropan
las miles gentes que en tumulto claman
ni mis pasos
mueven los montes,
... solo besan las rocas,
las mal encendidas rocas.
Esas miradas de dimensiones varias,
que mudo para el tiempo por esos misterios;
de esos cristales más puros que la mortuoria,
oración de un deudo en un cementerio.
cuando fluyen esas aguas en sus horas contrarias.
Estas horas grises que pasan muy lentas,
carcomiendo con crueldad estas mis entrañas,
( y en cada segundo y en cada minuto a tientas,
está mi mano herida buscando tu agua ).
son del reloj más negro que me dan estos días
donde yo agonizo
y parece que el mundo está en fiesta
Y todo en ésta vida del silencio tuyo
a mi me agrede,
con gran desparpajo y atrevimiento;
pero ni el día, ni las tardes,
ni las oraciones de las noches
cuando no sabes que cae la nieve
y ni siquiera el más noble sentimiento,
apartarme del bien de tu alma, de tu dicha,
y tu desdicha
de tu paz y de tu orgullo,
ni aún puede.
¡Oh atrevidas horas de tu ausencia negra
con el hielo más rotundo aquí en mis huesos
horas atrevidas, duras como piedras
e insomnes como los ojos
de esas mañanas duras de las guerras
de esos cuarteles!
¡Oh atrevidas horas de tu ausencia, insurrectas
impertinentes, viles, desdichadas
oscuras, tétricas y crueles!.
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