Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
AÚN NO LLEGAS
No llegas
pero yo marco el tiempo en los oídos,
en esa espera demencial de goteos de segundos
para la que ya no hay relojes, ni vitrinas;
en la caries que te absorbe la mirada
y encadena en turbio revuelo
esos pensamientos
que de ti desprenden chispas.
Parece que vinieras.
Si supieras lo que eres:
esa puerta que aguarda por la luz espúrea,
la sensación que recrudece y languidece el cosmos
y dispara sorbos de agua
cada vez que alguien se te acerca y nada dice,
ni cuenta donde estuvo, ni qué vio o conoció de ti.
Cuánto morir en cada calle.
Cada casa dormida es un escenario donde
los ojos disparan
y los gatos revientan con chillidos
la necedad que deambula sonámbula
malgastando la noche en trajines de hornillas.
Tú estás allí palideciendo de vigilia
espantando la prolijidad de encontrarte
tal vez desnuda
frente al espejo que con fría indolencia te sojuzga.
Sigues estando aquí
estoy mirándote
pero aún no llegas.
No llegas
pero yo marco el tiempo en los oídos,
en esa espera demencial de goteos de segundos
para la que ya no hay relojes, ni vitrinas;
en la caries que te absorbe la mirada
y encadena en turbio revuelo
esos pensamientos
que de ti desprenden chispas.
Parece que vinieras.
Si supieras lo que eres:
esa puerta que aguarda por la luz espúrea,
la sensación que recrudece y languidece el cosmos
y dispara sorbos de agua
cada vez que alguien se te acerca y nada dice,
ni cuenta donde estuvo, ni qué vio o conoció de ti.
Cuánto morir en cada calle.
Cada casa dormida es un escenario donde
los ojos disparan
y los gatos revientan con chillidos
la necedad que deambula sonámbula
malgastando la noche en trajines de hornillas.
Tú estás allí palideciendo de vigilia
espantando la prolijidad de encontrarte
tal vez desnuda
frente al espejo que con fría indolencia te sojuzga.
Sigues estando aquí
estoy mirándote
pero aún no llegas.
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