Lorelizh Beye
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llovía y el agua baño mis ilusiones
curaba mis heridas,
se llevo cada gota de sangre,
olor a quirófano y suero,
oxigeno y radiaciones,
llovía, lluvioso dia
que me dejase confusión,
entre mis ojos, agua de sal y dulce
en fugaces contracciones,
mis alas se detenían en el aire,
electrocardiogramas y el enigma
de si podré vivir,
después amaneció, vi que aún respiraba
que hubo un nuevo día para mi,
por algo sería, yo que sé,
descubrí que era una pequeña gata montés
con ganas de seguir en el tejado
lamiendo mis llagas,
que aún me quedarán unas cuatro vidas,
es que tengo un paraguas
que impide que me hagan polvo los rayos,
es que aún tengo mil poemas que brindar
aunque no tuviesen métrica ni esas estupideces
que ciertos burgueses poetas inventaron
_Como si no fuese suficiente con el ritmo del alma
y el tictac del corazón cuando no quiere morir__
Es que aún tengo caricias que asir hacia otros soles,
es que vi que alguien, al menos alguien me necesita
y descubro que aún soy resistente a otras tantas caídas,
a otros disparos desalmados,
a otros impactos que lleguen,
estaré luego en cuidados intensivos,
más nacerán rosas rojas en el agua
que al depurarse serán blancas de nuevo,
_Solo sé que sobrevivo_
¡Solo se que aquí me quedo!
Llovía y yo me hice de agua.
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