Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el aire enrarecido, humaredas pendencieras
fraguan desilusiones. Solo una quimera
desdibuja mil corazones,
y los monstruos legendarios no atormentan mas que a los infantes
o a los tiernos amantes
Dragones despiadados desde las mazmorras del subconsciente
sitian los últimos vestigios de bondad
y el amor aun presente
clama por la maldad
que no es más que enfermedad
de las almas heridas.
Por la ausencia
de desconocidas intenciones,
toda congruencia
se troca en desmedidas ilusiones
fatigantes y mundanas.
No tengo ganas
de entretejer más atarrayas
con qué pescar pasiones.
Llámenme perezoso
pero el oso hiberna
para recuperar fuerzas
y dar luego nueva batalla.
Seremos guerreros luminosos
venciendo las tinieblas
de nuestros corazones
cuando comprendamos que la obscuridad
tan sólo es ausencia de luz.
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fraguan desilusiones. Solo una quimera
desdibuja mil corazones,
y los monstruos legendarios no atormentan mas que a los infantes
o a los tiernos amantes
Dragones despiadados desde las mazmorras del subconsciente
sitian los últimos vestigios de bondad
y el amor aun presente
clama por la maldad
que no es más que enfermedad
de las almas heridas.
Por la ausencia
de desconocidas intenciones,
toda congruencia
se troca en desmedidas ilusiones
fatigantes y mundanas.
No tengo ganas
de entretejer más atarrayas
con qué pescar pasiones.
Llámenme perezoso
pero el oso hiberna
para recuperar fuerzas
y dar luego nueva batalla.
Seremos guerreros luminosos
venciendo las tinieblas
de nuestros corazones
cuando comprendamos que la obscuridad
tan sólo es ausencia de luz.
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