JUAN MATIAS ARMANO
Poeta recién llegado
Camino hacia el amanecer.
La lluvia me resguarda
de un espasmo glacial.
Sigo aquel sendero
buscando
desesperado su cara,
mi pasado, y aquellos
excelsos romances
en donde la esencia revive.
Mis pies se mueven
con las brisas
que suben
espigas sobre
un paisaje nevado,
cercano al edén.
El alma se enciende,
escapando
de esa cárcel
bajo
la que se sumerge
hace añares.
Sabe que su cuerpo
blanquecino se encubre
en la nieve,
los cerezos y más allá
de aquellos boscosos
eriales
con sus huemules andinos.
Camino y camino.
No sé si te he de hallar.
Pero las huellas
de mis pies
sanguíneos
valdrán la pena,
si es que alguna vez
se han de cruzar.
La lluvia me resguarda
de un espasmo glacial.
Sigo aquel sendero
buscando
desesperado su cara,
mi pasado, y aquellos
excelsos romances
en donde la esencia revive.
Mis pies se mueven
con las brisas
que suben
espigas sobre
un paisaje nevado,
cercano al edén.
El alma se enciende,
escapando
de esa cárcel
bajo
la que se sumerge
hace añares.
Sabe que su cuerpo
blanquecino se encubre
en la nieve,
los cerezos y más allá
de aquellos boscosos
eriales
con sus huemules andinos.
Camino y camino.
No sé si te he de hallar.
Pero las huellas
de mis pies
sanguíneos
valdrán la pena,
si es que alguna vez
se han de cruzar.
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