Me sentí solo;
tu adiós me alcanzó como la muerte negra;
la brisa de ausencia me profundizó
el alma como quién tiene una herida abierta;
me sentí el cielo sin su alba compañera,
me sentí muerto a tu sonrisa, a tu escencia.
Me sentí solo;
ví la luz caer en agonía sola con mi mundo;
presencié a la blanca luna llorar conmigo,
escuché los crujidos de los recuerdos retorciéndose
mientras cabalgaba en tu noble búsqueda;
te fuiste mariposa mía, te alcanzó la distancia.
Ahora,
con voces de silensios y de fantasmas;
esbozo tu nombre con lentos suspiros
preguntándole a la noche dónde estabas;
te imaginé en un crepúsculo lejos del mío,
en algarazas donde no estaba mi boca;
te llamé en sueños, en delirios, con profundas añoranzas.
El día envejece, y con el su hora;
pero aún en la crueldad me niego a finarte,
hato a los viejos árboles tus besos, toda, junto a la gloria;
la lluvia se llevó el eco y tu sombra;
me siento solo como mar sin espuma;
trato de alcanzarte hasta enmedio de mis luchas.
Autor: Lissandro C. Ortíz
tu adiós me alcanzó como la muerte negra;
la brisa de ausencia me profundizó
el alma como quién tiene una herida abierta;
me sentí el cielo sin su alba compañera,
me sentí muerto a tu sonrisa, a tu escencia.
Me sentí solo;
ví la luz caer en agonía sola con mi mundo;
presencié a la blanca luna llorar conmigo,
escuché los crujidos de los recuerdos retorciéndose
mientras cabalgaba en tu noble búsqueda;
te fuiste mariposa mía, te alcanzó la distancia.
Ahora,
con voces de silensios y de fantasmas;
esbozo tu nombre con lentos suspiros
preguntándole a la noche dónde estabas;
te imaginé en un crepúsculo lejos del mío,
en algarazas donde no estaba mi boca;
te llamé en sueños, en delirios, con profundas añoranzas.
El día envejece, y con el su hora;
pero aún en la crueldad me niego a finarte,
hato a los viejos árboles tus besos, toda, junto a la gloria;
la lluvia se llevó el eco y tu sombra;
me siento solo como mar sin espuma;
trato de alcanzarte hasta enmedio de mis luchas.
Autor: Lissandro C. Ortíz