Secuela de pasadas alabanzas,
despedida descafeïnada falta de acordes
de una guitarra que en su día
fuera por nuestros cuerpos afinada.
Desierto infame.
Río de su cauce desviado
por el desgastado abrazo
de aquél sin ya nada que perder.
El ganar se fue de la mano
de tus ojos
como esmeraldas
empañadas en la lluvia del dolor.
Y aprendimos que ser sin saber
nunca fue más que una mera opción,
heridas dulces en noches lúgubres
que adormecieron al corazón.
Y si cada lágrima fuera un cristal,
formara nuestro adiós
ardientes sinfonías de brillante desparpajo,
encauzadas en llamaradas cándidas
de soledad diluida.
despedida descafeïnada falta de acordes
de una guitarra que en su día
fuera por nuestros cuerpos afinada.
Desierto infame.
Río de su cauce desviado
por el desgastado abrazo
de aquél sin ya nada que perder.
El ganar se fue de la mano
de tus ojos
como esmeraldas
empañadas en la lluvia del dolor.
Y aprendimos que ser sin saber
nunca fue más que una mera opción,
heridas dulces en noches lúgubres
que adormecieron al corazón.
Y si cada lágrima fuera un cristal,
formara nuestro adiós
ardientes sinfonías de brillante desparpajo,
encauzadas en llamaradas cándidas
de soledad diluida.
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