Danmilcot
Poeta asiduo al portal
Soy dueño de tus manos en mis sueños,
de tu cuerpo en los recintos de mi mente.
Allí, donde intento retenerte
en los espacios esculpidos de ensueños,
de artífices tristezas que tallan mi alma
en los disturbios de confusiones
que no dejan filtrar mis luces.
Y se disipa tu figura como un encanto
y corro tras tus vestigios,
tras tu sombra indetenible,
hasta sumirme en las penumbras,
en los huecos de mi alma,
donde te busco a tientas sin poder tocarte.
Cómo puedo yo alcanzarte
si he sido el gurú de mis miedos,
la sustancia de mis indecisiones
que congelan las vertientes de mis progresos,
mientras que el tiempo transcurre sin detenerse
cubriendo como agua mi vida de días,
de recuerdos deprimidos,
de frustraciones e imposibilidades.
Y soy errante en la tierra de tu ausencia.
Postrado entre multitudes inciertas que me consagran,
fui ordenado sacerdote en el santuario del destierro.
Allí te invoco en desgastadas plegarias
de sufridas liturgias
y peregrino en caminos sin destino.
Y te busco…
A la altura de un suspiro te diviso
reposada en las orbitas de mis ilusiones,
volando en fugaces esperanzas.
Y ahí estás…
En las montañas de mis deseos
donde el romance de tu nada y mi nada se consuma
para renacer a un nuevo vivir
de caminos con destino,
de objetivos apreciados.
Por lo que he de surgir de estos escombros de vida.
Con alas de arrojo volaré hasta ti,
con estructuras e invulnerable.
Estableceré mis pasiones dentro de tus límites
y conquistaré tu auténtico brillo de mujer.
de tu cuerpo en los recintos de mi mente.
Allí, donde intento retenerte
en los espacios esculpidos de ensueños,
de artífices tristezas que tallan mi alma
en los disturbios de confusiones
que no dejan filtrar mis luces.
Y se disipa tu figura como un encanto
y corro tras tus vestigios,
tras tu sombra indetenible,
hasta sumirme en las penumbras,
en los huecos de mi alma,
donde te busco a tientas sin poder tocarte.
Cómo puedo yo alcanzarte
si he sido el gurú de mis miedos,
la sustancia de mis indecisiones
que congelan las vertientes de mis progresos,
mientras que el tiempo transcurre sin detenerse
cubriendo como agua mi vida de días,
de recuerdos deprimidos,
de frustraciones e imposibilidades.
Y soy errante en la tierra de tu ausencia.
Postrado entre multitudes inciertas que me consagran,
fui ordenado sacerdote en el santuario del destierro.
Allí te invoco en desgastadas plegarias
de sufridas liturgias
y peregrino en caminos sin destino.
Y te busco…
A la altura de un suspiro te diviso
reposada en las orbitas de mis ilusiones,
volando en fugaces esperanzas.
Y ahí estás…
En las montañas de mis deseos
donde el romance de tu nada y mi nada se consuma
para renacer a un nuevo vivir
de caminos con destino,
de objetivos apreciados.
Por lo que he de surgir de estos escombros de vida.
Con alas de arrojo volaré hasta ti,
con estructuras e invulnerable.
Estableceré mis pasiones dentro de tus límites
y conquistaré tu auténtico brillo de mujer.
Última edición: