Compotrigo
Poeta recién llegado
Avecilla de extrañeza,
de pequeños ojos tiranos de sí mismos,
helados vendavales, cuando no vuela el insecto,
te mecen sobre nuestras cabezas sin poder llevarte.
¡Avecilla de extrañeza,
tú que apenas el desánimo, excelso,
gobierna nuestras vidas - tristes, calladas,
con sobrecogido el gesto y vacía el ánima-
gañes por romper el aire pesado, denso,
que aturde nuestros oídos necios,
y desoyes para siempre desazón, quejumbre, tormento;
acierta hoy el pico en mi pecho para dejármelo hueco!
de pequeños ojos tiranos de sí mismos,
helados vendavales, cuando no vuela el insecto,
te mecen sobre nuestras cabezas sin poder llevarte.
¡Avecilla de extrañeza,
tú que apenas el desánimo, excelso,
gobierna nuestras vidas - tristes, calladas,
con sobrecogido el gesto y vacía el ánima-
gañes por romper el aire pesado, denso,
que aturde nuestros oídos necios,
y desoyes para siempre desazón, quejumbre, tormento;
acierta hoy el pico en mi pecho para dejármelo hueco!