Anne_
I killed Bukowski.
Hoy que muero,
hoy que mis fauces se condensan
con lo más oscuro de mis respiraciones,
la angustia me corroe la esperanza,
esperanza de no encontrar mañana
mis oleajes y mis recovecos
despilfarrados por la acera,
tú no puedes ver mis ojitos, no puedes,
pero de verdad, de verdad
están quebrados y asfixiados, ya que espero,
ya para que espero,
los animales ciegos que bordean mi puerta
destazarán mañana cada una de mis exhalaciones,
cada uno de mis quejidos,
frente a mí se regocijarán
los que andan odiando diciembre por traer la navidad.
Si camino no me muevo,
si recuerdo, ya no es mi memoria,
si respiro, no vivo,
si vivo, soy un ave enojada suicida
lubricando el viento congelado
detrás de la puerta con rock submarino espacial,
de verdad no puedes ver mis ojitos,
pero los distribuidores de fantasmas
desintegraron mis lunas y ahora yacen
en las rieles de los anillos putrefactos
que descarrilan las navidades de los niños pobres
que toman tecito con pan a la maldita medianoche
y yo voy jugando con un teléfono desconocido,
tratando de gritarte que me ayudes,
que este maldito pedazo de abecedario virtual
remueva tus principales principios
y me devuelva las lunas albinas,
las orquídeas doradas y la sonrisa que tenía
cuando despertaba rodeada
de nada más que aroma a flores
e incontables aullidos de lana,
me sangraban las piernas cuando niña,
ahora mis manos parecen estallar
como algodones verdes,
de que me sirve ahora
poder sentir el universo entero
en los subterráneos de mi corazón,
si moriré esperando poder vivir alguna vez
sin que me sangre la nariz,
sin caer del cielo entre vidrios purpuras
atravesando las nubes a velocidades inhumanas,
a velocidades catastróficas.
Parece entonces,
que solo somos aves suicidas enojadas
o un montón de gente muerta que aún o ha muerto,
colibríes fabricando metanfetaminas
al son de la radio triste que ya no espera,
hoy no espera,
no me espera,
sobrevivirá mi sombra
a la soga que ate al ventilador,
construimos el camino al infierno
con escuelas, gimnasios e iglesias
y tiendas de repuestos automotrices
y estaciones del metro,
ahora tratamos desesperadamente
de hacer pasar nuestras creencias como hechos,
yo solo espero que el cielo me espere,
sea quien sea que este allí o no,
que me esperen los vacíos,
las oblicuas, las espirales,
las condensaciones y la luz,
la eterna luz que guíe mis ojitos
al sueño más proscrito,
el sueño de los que duermen en paz.
hoy que mis fauces se condensan
con lo más oscuro de mis respiraciones,
la angustia me corroe la esperanza,
esperanza de no encontrar mañana
mis oleajes y mis recovecos
despilfarrados por la acera,
tú no puedes ver mis ojitos, no puedes,
pero de verdad, de verdad
están quebrados y asfixiados, ya que espero,
ya para que espero,
los animales ciegos que bordean mi puerta
destazarán mañana cada una de mis exhalaciones,
cada uno de mis quejidos,
frente a mí se regocijarán
los que andan odiando diciembre por traer la navidad.
Si camino no me muevo,
si recuerdo, ya no es mi memoria,
si respiro, no vivo,
si vivo, soy un ave enojada suicida
lubricando el viento congelado
detrás de la puerta con rock submarino espacial,
de verdad no puedes ver mis ojitos,
pero los distribuidores de fantasmas
desintegraron mis lunas y ahora yacen
en las rieles de los anillos putrefactos
que descarrilan las navidades de los niños pobres
que toman tecito con pan a la maldita medianoche
y yo voy jugando con un teléfono desconocido,
tratando de gritarte que me ayudes,
que este maldito pedazo de abecedario virtual
remueva tus principales principios
y me devuelva las lunas albinas,
las orquídeas doradas y la sonrisa que tenía
cuando despertaba rodeada
de nada más que aroma a flores
e incontables aullidos de lana,
me sangraban las piernas cuando niña,
ahora mis manos parecen estallar
como algodones verdes,
de que me sirve ahora
poder sentir el universo entero
en los subterráneos de mi corazón,
si moriré esperando poder vivir alguna vez
sin que me sangre la nariz,
sin caer del cielo entre vidrios purpuras
atravesando las nubes a velocidades inhumanas,
a velocidades catastróficas.
Parece entonces,
que solo somos aves suicidas enojadas
o un montón de gente muerta que aún o ha muerto,
colibríes fabricando metanfetaminas
al son de la radio triste que ya no espera,
hoy no espera,
no me espera,
sobrevivirá mi sombra
a la soga que ate al ventilador,
construimos el camino al infierno
con escuelas, gimnasios e iglesias
y tiendas de repuestos automotrices
y estaciones del metro,
ahora tratamos desesperadamente
de hacer pasar nuestras creencias como hechos,
yo solo espero que el cielo me espere,
sea quien sea que este allí o no,
que me esperen los vacíos,
las oblicuas, las espirales,
las condensaciones y la luz,
la eterna luz que guíe mis ojitos
al sueño más proscrito,
el sueño de los que duermen en paz.
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