Ayer de un mañana
Mis manos,
cuarteadas y aguerridas,
te buscan entre los rincones
donde se esparcen los recuerdos.
Hoy tu cariño agujerea
de costado a costado mi alma.
No alcanzo a saciarme
si no es con el beso
que rastreo entre la niebla,
tu beso que raudo vuela
para ser alegre presa
de mis labios resecos.
Mañana he visto tus ojos
entre los vahos del cielo,
como las verdes centellas
de rayos furtivos,
ese cielo alfombrado
de las notas de Chopin,
constante cielo apasionado,
agazapado de día
y en la noche sólo a mí entregado.
Ayer descansas,
segura y orgullosa,
vibrante seductora,
entre anhelos y gemidos,
ven siempre a mí
que necesito llenarme,
mi aliento recibes,
mis venas se dilatan,
que descanse mi excitación
lisa, dura y perenne
entre los rítmicos látidos
de tu fértil vientre.
Mis manos,
cuarteadas y aguerridas,
te buscan entre los rincones
donde se esparcen los recuerdos.
Hoy tu cariño agujerea
de costado a costado mi alma.
No alcanzo a saciarme
si no es con el beso
que rastreo entre la niebla,
tu beso que raudo vuela
para ser alegre presa
de mis labios resecos.
Mañana he visto tus ojos
entre los vahos del cielo,
como las verdes centellas
de rayos furtivos,
ese cielo alfombrado
de las notas de Chopin,
constante cielo apasionado,
agazapado de día
y en la noche sólo a mí entregado.
Ayer descansas,
segura y orgullosa,
vibrante seductora,
entre anhelos y gemidos,
ven siempre a mí
que necesito llenarme,
mi aliento recibes,
mis venas se dilatan,
que descanse mi excitación
lisa, dura y perenne
entre los rítmicos látidos
de tu fértil vientre.