José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
No hice nada en especial,
pero ayer dios se enfadó conmigo.
Puso una piel de plátano en mi camino
y resbalé.
Me rompí once vértebras (una sacra también).
Me disloqué varios tobillos (dos para ser exactos).
Perdí parte del estómago, el páncreas
y catorce metros de intestino,
(del delgado, evidentemente).
Bueno, basta de paréntesis, ya.
La válvula tricúspide se vio seriamente afectada
y varios millones de linfocitos-T
se manifestaron encabezados por la hemoglobina,
provocando altercados en cerebelo, pulmón derecho
y en diferentes localizaciones del hígado.
El pene y los testículos no se vieron afectados.
Pero, gracias a dios, puedo contarlo.
Acabo de despertar del coma
y he pedido a una enfermera en prácticas,
que tiene cara de buena,
me recuerda a Bernardette Soubirous,
si podría ser tan amable
de practicarme la eutanasia activa.
Frente a sus reticencias
la he convencido diciéndole
que eso le serviría
para aumentar su ridículo currículum.
Mientras, le acariciaba los pechos
metiendo la mano por su uniforme
los mejores pechos que he tocado.,
le decía.
Al final me ha desconectado de todas las máquinas,
incluso de la de tabaco
y he muerto.
El destino era el infierno, evidentemente,
pero a base de poner el culo
he convencido a San Pedro.
Me ha dejado entrar al cielo,
pero solo como visitante
y por unas horas.
Buscaba a dios, pero casi nadie lo había visto.
Dios debía estar en el torneo de golf
que ya cita Jose Villa
en uno de sus famosos poemas.
Y aquí acabo el poema
porque si yo mismo no me dejo poner paréntesis,
pues no vamos bien.
Otro día ya explicaré
por qué estaba buscando a dios
con un plátano en la mano.
pero ayer dios se enfadó conmigo.
Puso una piel de plátano en mi camino
y resbalé.
Me rompí once vértebras (una sacra también).
Me disloqué varios tobillos (dos para ser exactos).
Perdí parte del estómago, el páncreas
y catorce metros de intestino,
(del delgado, evidentemente).
Bueno, basta de paréntesis, ya.
La válvula tricúspide se vio seriamente afectada
y varios millones de linfocitos-T
se manifestaron encabezados por la hemoglobina,
provocando altercados en cerebelo, pulmón derecho
y en diferentes localizaciones del hígado.
El pene y los testículos no se vieron afectados.
Pero, gracias a dios, puedo contarlo.
Acabo de despertar del coma
y he pedido a una enfermera en prácticas,
que tiene cara de buena,
me recuerda a Bernardette Soubirous,
si podría ser tan amable
de practicarme la eutanasia activa.
Frente a sus reticencias
la he convencido diciéndole
que eso le serviría
para aumentar su ridículo currículum.
Mientras, le acariciaba los pechos
metiendo la mano por su uniforme
los mejores pechos que he tocado.,
le decía.
Al final me ha desconectado de todas las máquinas,
incluso de la de tabaco
y he muerto.
El destino era el infierno, evidentemente,
pero a base de poner el culo
he convencido a San Pedro.
Me ha dejado entrar al cielo,
pero solo como visitante
y por unas horas.
Buscaba a dios, pero casi nadie lo había visto.
Dios debía estar en el torneo de golf
que ya cita Jose Villa
en uno de sus famosos poemas.
Y aquí acabo el poema
porque si yo mismo no me dejo poner paréntesis,
pues no vamos bien.
Otro día ya explicaré
por qué estaba buscando a dios
con un plátano en la mano.
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