Mucho más allá.
Estuvimos.
Vimos.
Comimos.
Con mimos.
Desesperamos.
Las manos
se nos repitieron,
y nos dieron palabras
que conocimos
detrás de las paredes.
Las puertas son edades
para deshacer una piel,
un desencuentro.
No tanto,
más acá,
en donde estamos,
nos vamos,
los amos del silencio.
Volvemos.
Sin edades.
Sin pesares.
Sin verdades.
Envueltos de preguntas.
Solamente un amor
sin credenciales.
Yo no tuve diploma para amarla.
Apenas la pena.
Paloma ciega,
extraviada,
la mirada azul de la alegría,
fue mi razón para reír
en esta vida.
Nada más creo.
Mis pasos son latidos
que miran cuando miro
sus ojos de princesa.
Regreso
sin el peso opresor
de la mentira,
que estira los minutos
hasta desangrarlos.
Tras un telón de pan
se esconde el yugo.
Espere compañera.
Espere.
Que ya vuelvo desnudo.
Estuvimos.
Vimos.
Comimos.
Con mimos.
Desesperamos.
Las manos
se nos repitieron,
y nos dieron palabras
que conocimos
detrás de las paredes.
Las puertas son edades
para deshacer una piel,
un desencuentro.
No tanto,
más acá,
en donde estamos,
nos vamos,
los amos del silencio.
Volvemos.
Sin edades.
Sin pesares.
Sin verdades.
Envueltos de preguntas.
Solamente un amor
sin credenciales.
Yo no tuve diploma para amarla.
Apenas la pena.
Paloma ciega,
extraviada,
la mirada azul de la alegría,
fue mi razón para reír
en esta vida.
Nada más creo.
Mis pasos son latidos
que miran cuando miro
sus ojos de princesa.
Regreso
sin el peso opresor
de la mentira,
que estira los minutos
hasta desangrarlos.
Tras un telón de pan
se esconde el yugo.
Espere compañera.
Espere.
Que ya vuelvo desnudo.
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