José Cornejo Valadez
Poeta recién llegado
caminaremos bajo la arboleda
buscando un quieto espacio donde pueda
acariciar tu piel de fuego y seda.
Un lugar solitario y escondido
donde, sólo de grillos el sonido,
de la ciudad no llegue luz ni ruido.
Será entonces el césped esmeralda
un mullido colchón bajo tu espalda
mientras repliego hasta el final la falda.
Y jinete feliz, sin darme tregua
en llanuras feraces legua a legua
cabalgaré sobre una briosa yegua.
Y sin que nada a su mirar se esconda
la luna con su nívea faz redonda
un testigo será sobre la fronda.
Y algún bicho escondido entre las ramas
de blandas plumas o pétreas escamas
el calor sentirá de nuestras llamas.
Después del episodio, satisfechos;
mi frente sudorosa aún por los hechos
reposaré sobre tus blancos pechos
buscando un quieto espacio donde pueda
acariciar tu piel de fuego y seda.
Un lugar solitario y escondido
donde, sólo de grillos el sonido,
de la ciudad no llegue luz ni ruido.
Será entonces el césped esmeralda
un mullido colchón bajo tu espalda
mientras repliego hasta el final la falda.
Y jinete feliz, sin darme tregua
en llanuras feraces legua a legua
cabalgaré sobre una briosa yegua.
Y sin que nada a su mirar se esconda
la luna con su nívea faz redonda
un testigo será sobre la fronda.
Y algún bicho escondido entre las ramas
de blandas plumas o pétreas escamas
el calor sentirá de nuestras llamas.
Después del episodio, satisfechos;
mi frente sudorosa aún por los hechos
reposaré sobre tus blancos pechos