Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
(parte segunda)
Encontré dos ojos bellos, amarillos claros,
rasgados como horizontes lejanos,
con las pupilas dilatadas
fríos y a la vez tan expresivos.
Aquella mujer que era
¿Un dios disfrazado de inquisidora?
¿Un diablo con todos los ordenes de la tentación?
¿Una ilusión producida por mí miedo?.
Alzo una de sus manos, con largas uñas,
esculpidas, perfectas como mármoles de plata,
y llevándosela a la boca la beso y después
poso sus dedos en mis labios y me abandone.
Cerré los ojos para sentir más profundamente
ese sabor a azufre dulce, jazmín y curare,
hubiera querido corresponderla, pero no podía
el terror de mí prudencia, hacía vacilar mí lógica.
Abrí los ojos lentamente para contemplarla de nuevo
pero ya no estaba, se fue como llego,
sin anunciarse, sin ruido, sin pasos.
La noche estaba cerrada, solo se veía mas farolas.
Apoye mí espalda en el hierro forjado
de mí refugio iluminado y me deje caer,
Y sentado en el suelo, callado, tiritando,
espere el rescate del amanecer.
Calentaron mí rostro los primeros rayos
y entre confundido y contrariado,
desee asombrado, perplejo y triste
que prefería la noche y la niebla.
Ahora era de día, las calles explosionaban
en miles de personas desconocidas,
en ruidos de trafico y cierres metálicos
y el aire olía a contaminación y niños recién peinados.
Todo me molestaba, todo me dolía,
solo deseaba, necesitaba, que la noche llegara
y que entre sabanas de raso negro
me arropara, esperándola en una farola.
Mire al cielo y me lleve una alegría
la mañana había pasado, la tarde
se estaba difuminando y por fin sentía
que la noche estaba pasando el umbral del día.
Encontré dos ojos bellos, amarillos claros,
rasgados como horizontes lejanos,
con las pupilas dilatadas
fríos y a la vez tan expresivos.
Aquella mujer que era
¿Un dios disfrazado de inquisidora?
¿Un diablo con todos los ordenes de la tentación?
¿Una ilusión producida por mí miedo?.
Alzo una de sus manos, con largas uñas,
esculpidas, perfectas como mármoles de plata,
y llevándosela a la boca la beso y después
poso sus dedos en mis labios y me abandone.
Cerré los ojos para sentir más profundamente
ese sabor a azufre dulce, jazmín y curare,
hubiera querido corresponderla, pero no podía
el terror de mí prudencia, hacía vacilar mí lógica.
Abrí los ojos lentamente para contemplarla de nuevo
pero ya no estaba, se fue como llego,
sin anunciarse, sin ruido, sin pasos.
La noche estaba cerrada, solo se veía mas farolas.
Apoye mí espalda en el hierro forjado
de mí refugio iluminado y me deje caer,
Y sentado en el suelo, callado, tiritando,
espere el rescate del amanecer.
Calentaron mí rostro los primeros rayos
y entre confundido y contrariado,
desee asombrado, perplejo y triste
que prefería la noche y la niebla.
Ahora era de día, las calles explosionaban
en miles de personas desconocidas,
en ruidos de trafico y cierres metálicos
y el aire olía a contaminación y niños recién peinados.
Todo me molestaba, todo me dolía,
solo deseaba, necesitaba, que la noche llegara
y que entre sabanas de raso negro
me arropara, esperándola en una farola.
Mire al cielo y me lleve una alegría
la mañana había pasado, la tarde
se estaba difuminando y por fin sentía
que la noche estaba pasando el umbral del día.