Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
( parte primera)
Me sorprendió la noche
perdido por las calles de la ciudad,
en busca de un no se que
caminando hacía ningún sitio.
La bruma se apodero de las esquinas
y se hizo un silencio largo,
cortado entre murmullos y pasos rápidos
pero no se veía a nadie.
Acelere el paso buscando
y el único refugio que encontré,
fue la protección de la luz de una farola
en la esquina de una calle.
Me aferre a ella y oteando mi alrededor
creí descubrir la silueta de seres
que no son de este mundo,
ni del otro, ni de ninguno.
Maldita fiesta de muertos
¿Seré yo la piñata de sus juegos?
¿ me golpearán y desgarrarán
siendo mis entrañas su premio?.
De repente, la niebla se empezó a retirar
entre ordenada y obediente.
se veían las esquinas limpias
y los sonidos se hicieron mudos.
Me cubría esa luz amarillenta
de bombilla vieja usada,
la farola era más que mí vida
porque de ella dependía.
Note como un dedo en mí espalda
la espina dorsal me recorría,
paralizado, muerto en vida,
se quedaron mis sentidos bloqueados.
Me llene de la valentía de un cobarde
y más por necesidad que curiosidad,
me gire lentamente, expectante, acelerado,
para conocer de quien la caricia partía.
(parte segunda)
Encontré dos ojos bellos, amarillos claros,
rasgados como horizontes lejanos,
con las pupilas dilatadas
fríos y a la vez tan expresivos.
Aquella mujer que era
¿Un dios disfrazado de inquisidora?
¿Un diablo con todos los ordenes de la tentación?
¿Una ilusión producida por mí miedo?.
Alzo una de sus manos, con largas uñas,
esculpidas, perfectas como mármoles de plata,
y llevándosela a la boca la beso y después
poso sus dedos en mis labios y me abandone.
Cerré los ojos para sentir más profundamente
ese sabor a azufre dulce, jazmín y curare,
hubiera querido corresponderla, pero no podía
el terror de mí prudencia, hacía vacilar mí lógica.
Abrí los ojos lentamente para contemplarla de nuevo
Pero ya no estaba, se fue como llego,
Sin anunciarse, sin ruido, sin pasos.
La noche estaba cerrada, solo se veía mas farolas.
Apoye mí espalda en el hierro forjado
de mí refugio iluminado y me deje caer,
y sentado en el suelo, callado, tiritando,
espere el rescate del amanecer.
Calentaron mí rostro los primeros rayos
y entre confundido y contrariado,
desee asombrado, perplejo y triste
que prefería la noche y la niebla.
Ahora era de día, las calles explosionaban
en miles de personas desconocidas,
en ruidos de trafico y cierres metálicos
y el aire olía a contaminación y niños recién peinados.
Todo me molestaba, todo me dolía,
solo deseaba, necesitaba, que la noche llegara
y que entre sabanas de raso negro
me arropara, esperándola en una farola.
Mire al cielo y me lleve una alegría
la mañana había pasado, la tarde
se estaba difuminando y por fin sentía
que la noche estaba pasando el umbral del día.
( parte tercera, final)
Busque desesperado una farola
tenía la certeza de que
aunque no fuera la misma, daba igual,
si quería ella me encontraría.
La noche lo cubrió todo,
ya no había transeúntes, ni trafico
y los niños estaban ya dormidos,
solo estábamos yo y las farolas encendidas.
La bruma hizo acto de presencia
pero no se quedo, siguió calle arriba,
corrí y la adelante y la espere en otra farola,
la bruma seguía y yo otra farola y otra más.
Mis piernas flaqueaban, a la bruma aventaje
y aferrado a su cuerpo metálico
la espere, abrazado, sin fuerzas
en la última farola.
Paso de largo y escuche, como una risa,
de mujer, se disipaba entre el final de la calle.
desesperado grite y resbalándome en la farola
al notar que llegué al suelo, llore.
Mire al cielo de la noche y con rabia
con todas mis fuerzas, dije:
Maldigo mí suerte y a Dios que me tiene vivo.
Maldigo al maligno que jugo conmigo.
Aquí esperare a esos ojos de perfiles infinitos,
que hechizaron mi destino y me dejare morir
para buscarla, en todos los submundos,
sin necesidad de encontrar ninguna farola.
Llegare hasta lo más profundo,
cruzando ríos de lava que funden hasta las gárgolas.
Te encontrare y seré yo quien con el calor
de un beso de muerto te venza.
Haré que entrecierres los ojos y me sientas
y entre suspiros de venganza y pasión
me seguirás como tú señor toda una eternidad,
y detrás de mi iras encadenada a tu cuello y mi mano.
Me sorprendió la noche
perdido por las calles de la ciudad,
en busca de un no se que
caminando hacía ningún sitio.
La bruma se apodero de las esquinas
y se hizo un silencio largo,
cortado entre murmullos y pasos rápidos
pero no se veía a nadie.
Acelere el paso buscando
y el único refugio que encontré,
fue la protección de la luz de una farola
en la esquina de una calle.
Me aferre a ella y oteando mi alrededor
creí descubrir la silueta de seres
que no son de este mundo,
ni del otro, ni de ninguno.
Maldita fiesta de muertos
¿Seré yo la piñata de sus juegos?
¿ me golpearán y desgarrarán
siendo mis entrañas su premio?.
De repente, la niebla se empezó a retirar
entre ordenada y obediente.
se veían las esquinas limpias
y los sonidos se hicieron mudos.
Me cubría esa luz amarillenta
de bombilla vieja usada,
la farola era más que mí vida
porque de ella dependía.
Note como un dedo en mí espalda
la espina dorsal me recorría,
paralizado, muerto en vida,
se quedaron mis sentidos bloqueados.
Me llene de la valentía de un cobarde
y más por necesidad que curiosidad,
me gire lentamente, expectante, acelerado,
para conocer de quien la caricia partía.
(parte segunda)
Encontré dos ojos bellos, amarillos claros,
rasgados como horizontes lejanos,
con las pupilas dilatadas
fríos y a la vez tan expresivos.
Aquella mujer que era
¿Un dios disfrazado de inquisidora?
¿Un diablo con todos los ordenes de la tentación?
¿Una ilusión producida por mí miedo?.
Alzo una de sus manos, con largas uñas,
esculpidas, perfectas como mármoles de plata,
y llevándosela a la boca la beso y después
poso sus dedos en mis labios y me abandone.
Cerré los ojos para sentir más profundamente
ese sabor a azufre dulce, jazmín y curare,
hubiera querido corresponderla, pero no podía
el terror de mí prudencia, hacía vacilar mí lógica.
Abrí los ojos lentamente para contemplarla de nuevo
Pero ya no estaba, se fue como llego,
Sin anunciarse, sin ruido, sin pasos.
La noche estaba cerrada, solo se veía mas farolas.
Apoye mí espalda en el hierro forjado
de mí refugio iluminado y me deje caer,
y sentado en el suelo, callado, tiritando,
espere el rescate del amanecer.
Calentaron mí rostro los primeros rayos
y entre confundido y contrariado,
desee asombrado, perplejo y triste
que prefería la noche y la niebla.
Ahora era de día, las calles explosionaban
en miles de personas desconocidas,
en ruidos de trafico y cierres metálicos
y el aire olía a contaminación y niños recién peinados.
Todo me molestaba, todo me dolía,
solo deseaba, necesitaba, que la noche llegara
y que entre sabanas de raso negro
me arropara, esperándola en una farola.
Mire al cielo y me lleve una alegría
la mañana había pasado, la tarde
se estaba difuminando y por fin sentía
que la noche estaba pasando el umbral del día.
( parte tercera, final)
Busque desesperado una farola
tenía la certeza de que
aunque no fuera la misma, daba igual,
si quería ella me encontraría.
La noche lo cubrió todo,
ya no había transeúntes, ni trafico
y los niños estaban ya dormidos,
solo estábamos yo y las farolas encendidas.
La bruma hizo acto de presencia
pero no se quedo, siguió calle arriba,
corrí y la adelante y la espere en otra farola,
la bruma seguía y yo otra farola y otra más.
Mis piernas flaqueaban, a la bruma aventaje
y aferrado a su cuerpo metálico
la espere, abrazado, sin fuerzas
en la última farola.
Paso de largo y escuche, como una risa,
de mujer, se disipaba entre el final de la calle.
desesperado grite y resbalándome en la farola
al notar que llegué al suelo, llore.
Mire al cielo de la noche y con rabia
con todas mis fuerzas, dije:
Maldigo mí suerte y a Dios que me tiene vivo.
Maldigo al maligno que jugo conmigo.
Aquí esperare a esos ojos de perfiles infinitos,
que hechizaron mi destino y me dejare morir
para buscarla, en todos los submundos,
sin necesidad de encontrar ninguna farola.
Llegare hasta lo más profundo,
cruzando ríos de lava que funden hasta las gárgolas.
Te encontrare y seré yo quien con el calor
de un beso de muerto te venza.
Haré que entrecierres los ojos y me sientas
y entre suspiros de venganza y pasión
me seguirás como tú señor toda una eternidad,
y detrás de mi iras encadenada a tu cuello y mi mano.