Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
( parte primera)
Me sorprendió la noche
perdido por las calles de la ciudad,
en busca de un no se que
caminando hacía ningún sitio.
La bruma se apodero de las esquinas
y se hizo un silencio largo,
cortado entre murmullos y pasos rápidos
pero no se veía a nadie.
Acelere el paso buscando
y el único refugio que encontré,
fue la protección de la luz de una farola
en la esquina de una calle.
Me aferre a ella y oteando mi alrededor
creí descubrir la silueta de seres
que no son de este mundo,
ni del otro, ni de ninguno.
Maldita fiesta de muertos
¿Seré yo la piñata de sus juegos?
¿ Me golpearan y desgarraran
siendo mis entrañas su premio?.
De repente, la niebla se empezó a retirar
entre ordenada y obediente.
se veían las esquinas limpias
y los sonidos se hicieron mudos.
Me cubría esa luz amarillenta
de bombilla vieja usada,
la farola era más que mí vida
porque de ella dependía.
Note como un dedo en mí espalda
la espina dorsal me recorría,
paralizado, muerto en vida,
se quedaron mis sentidos bloqueados.
Me llene de la valentía de un cobarde
y más por necesidad que curiosidad,
me gire lentamente, expectante, acelerado,
para conocer de quien la caricia partía.
Me sorprendió la noche
perdido por las calles de la ciudad,
en busca de un no se que
caminando hacía ningún sitio.
La bruma se apodero de las esquinas
y se hizo un silencio largo,
cortado entre murmullos y pasos rápidos
pero no se veía a nadie.
Acelere el paso buscando
y el único refugio que encontré,
fue la protección de la luz de una farola
en la esquina de una calle.
Me aferre a ella y oteando mi alrededor
creí descubrir la silueta de seres
que no son de este mundo,
ni del otro, ni de ninguno.
Maldita fiesta de muertos
¿Seré yo la piñata de sus juegos?
¿ Me golpearan y desgarraran
siendo mis entrañas su premio?.
De repente, la niebla se empezó a retirar
entre ordenada y obediente.
se veían las esquinas limpias
y los sonidos se hicieron mudos.
Me cubría esa luz amarillenta
de bombilla vieja usada,
la farola era más que mí vida
porque de ella dependía.
Note como un dedo en mí espalda
la espina dorsal me recorría,
paralizado, muerto en vida,
se quedaron mis sentidos bloqueados.
Me llene de la valentía de un cobarde
y más por necesidad que curiosidad,
me gire lentamente, expectante, acelerado,
para conocer de quien la caricia partía.
::
::