Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sobre llanos y desiertos volé a tu encuentro
cruzando a ras sobre hilos de ríos,
a un lado del camino cerca el gran océano
guiñaba su ojo de azul y turquesa
mostrando arenas negras, verdes, rojas y blancas,
que llenaban ostentosas mis lúdicas ganas,
mientras mi sombra llegaba a tu morada,
donde dorada y desnuda esperabas,
abriéndome de par en par tu alma
en donde por fin debía dormir mi sabia.
Bajo mi sombra tu silueta se escondía cadenciosa
abrazando tu figura perdía mis manos en tu cintura
incontrolable sometía mi aliento a tus labios,
cerrando mis palabras que se ahogaban en mi garganta.
De cálidos quejidos se mezclaba nuestra sabiduría primitiva,
dejando sílabas regadas entre sábanas y almohadas,
y nos envolvimos ataviándonos de suave perfume,
que llenaban fauces desesperadas,
por querer gritar nuestro contento.
Y de mariposas se llenó mi vientre revoloteando desenfrenadas,
por querer colmar tu ombligo,
en donde anhelaban hacer nido,
anclando la boya que sólo mecería a tu vaivén.
Bajo mi sombra quedaste inmóvil
apretando mis manos cómplices,
albergando la embriaguez que iluminó mis ojos
devolviendo el éxtasis que llenó tu sonrojo.
Después del llano y el desierto por fin te encuentro
a un lado del océano como te había soñado
quedándome viviendo en ti gustoso
hasta que mi sombra se desvanezca más allá del tiempo,
el tiempo que se había acordado para nuestro encuentro
cruzando a ras sobre hilos de ríos,
a un lado del camino cerca el gran océano
guiñaba su ojo de azul y turquesa
mostrando arenas negras, verdes, rojas y blancas,
que llenaban ostentosas mis lúdicas ganas,
mientras mi sombra llegaba a tu morada,
donde dorada y desnuda esperabas,
abriéndome de par en par tu alma
en donde por fin debía dormir mi sabia.
Bajo mi sombra tu silueta se escondía cadenciosa
abrazando tu figura perdía mis manos en tu cintura
incontrolable sometía mi aliento a tus labios,
cerrando mis palabras que se ahogaban en mi garganta.
De cálidos quejidos se mezclaba nuestra sabiduría primitiva,
dejando sílabas regadas entre sábanas y almohadas,
y nos envolvimos ataviándonos de suave perfume,
que llenaban fauces desesperadas,
por querer gritar nuestro contento.
Y de mariposas se llenó mi vientre revoloteando desenfrenadas,
por querer colmar tu ombligo,
en donde anhelaban hacer nido,
anclando la boya que sólo mecería a tu vaivén.
Bajo mi sombra quedaste inmóvil
apretando mis manos cómplices,
albergando la embriaguez que iluminó mis ojos
devolviendo el éxtasis que llenó tu sonrojo.
Después del llano y el desierto por fin te encuentro
a un lado del océano como te había soñado
quedándome viviendo en ti gustoso
hasta que mi sombra se desvanezca más allá del tiempo,
el tiempo que se había acordado para nuestro encuentro
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