José Montalva
Poeta recién llegado
Alegoría a Rimbaud
Mientras descendía
por ríos impacibles
sentí que los sirgadores
ya no me guiaban,
chillones pieles rojas
tomándolos por blancos
desnudos los habían clavado
a unos postes de colores.
Y mi mundo se fue
arrastrado por behemots y maelstroms espesos
a perderse a los oscuros abismos
que yacen en las cavernas de Plutón.
Y en esta mi noche sin fondo
la soledad no sabe donde perderse.
Lloré demasiado,
las albas son desoladoras,
toda luna es atroz
y todo sol amargo,
la piedad aquí es cruel
si antes no incendia algo.
El acre amor me ha llenado
de embriagador topor
¡que reviente mi quilla!
y me hunda en el olvido
de algún mar en el horizonte perdido...