Marioneta Ginger
Poeta recién llegado
Cada noche, todo oscuro
camino hacia ella
su belleza me encandila
me paro en una esquina
miro a todos lados y observo esa torre,
la torre más alta de ese gran castillo,
años han pasado sobre ella, como 300 o 400.
Pero su espíritu regresa a escribir esos versos
y poemas de amor, de soledad, penumbra
y sobre todo lágrimas.
Su cuarto y cortinas viejas,
libros amontonados uno tras otro
con fines distintos, una mesa y su mantel caído,
cubierto de telarañas.
En un rincón, hojas amarillas y palabras negras
con sentimientos profundos,
rosas secas con sus pétalos sumergidos en un callejón sin salida.
La pluma de un cuervo a sujetado mi alma,
y la tinta ha derramado sus últimas intenciones
en la palma de su delicada mano.
Cuerpo blanco,
que proteges con un vestido negro tus senos,
amada virgen, no puedo tocarte aún.
Las velas queman tus ojos azules,
tu fina boca, tus labios hechizados
y frases convertidas en realidad.
Ahora yo, en ésta sepultura, muerto en vida,
recojo cada diseño que hay en esa torre,
pudriéndome por demonios y soltando las
cadenas atrapadas hacia mi.
Me elevo hacia tu hermosura,
y soplo tu corazón, estás llorando y solo
espero que llegue pronto el frente a una nueva noche,
llena de olas,
hasta encontrar el fantasma que sople cerca del mío,
con los ojos abiertos hacia olvidados rincones
o recordando un delirante luto
o durmiendo en cenizas derribado...
camino hacia ella
su belleza me encandila
me paro en una esquina
miro a todos lados y observo esa torre,
la torre más alta de ese gran castillo,
años han pasado sobre ella, como 300 o 400.
Pero su espíritu regresa a escribir esos versos
y poemas de amor, de soledad, penumbra
y sobre todo lágrimas.
Su cuarto y cortinas viejas,
libros amontonados uno tras otro
con fines distintos, una mesa y su mantel caído,
cubierto de telarañas.
En un rincón, hojas amarillas y palabras negras
con sentimientos profundos,
rosas secas con sus pétalos sumergidos en un callejón sin salida.
La pluma de un cuervo a sujetado mi alma,
y la tinta ha derramado sus últimas intenciones
en la palma de su delicada mano.
Cuerpo blanco,
que proteges con un vestido negro tus senos,
amada virgen, no puedo tocarte aún.
Las velas queman tus ojos azules,
tu fina boca, tus labios hechizados
y frases convertidas en realidad.
Ahora yo, en ésta sepultura, muerto en vida,
recojo cada diseño que hay en esa torre,
pudriéndome por demonios y soltando las
cadenas atrapadas hacia mi.
Me elevo hacia tu hermosura,
y soplo tu corazón, estás llorando y solo
espero que llegue pronto el frente a una nueva noche,
llena de olas,
hasta encontrar el fantasma que sople cerca del mío,
con los ojos abiertos hacia olvidados rincones
o recordando un delirante luto
o durmiendo en cenizas derribado...