gilbran
Ernesto Salgari
La noche quería ser noche
y no podía,
apenas balbuceaba sombras,
hilaba letargos,
afuera,
una tibia brisa preocupada
acurrucaba la hojarasca
a los pies de un árbol
que desde sus raíces bostezaba.
La fatua oscuridad
reía a carcajadas,
porque el pabilo del ocaso
aún no se apagaba,
provocadora y bella rea incomprendida
en tus bruñidos senos clandestinos
mueren las incautas sombras excitadas,
moneda solitaria,
centinela noctámbula
en tu escote de arrabales soñolientos,
clava la noche su envidiosa mirada,
prostituta fascinante,
mariposa cenicienta
volando de cama en cama,
esta noche invítame a dormir
sobre el bruno rayón de tus sábanas,
yo te escribo un erótico poema
y tu te dejas seducir,
completamente entregada.
y no podía,
apenas balbuceaba sombras,
hilaba letargos,
afuera,
una tibia brisa preocupada
acurrucaba la hojarasca
a los pies de un árbol
que desde sus raíces bostezaba.
La fatua oscuridad
reía a carcajadas,
porque el pabilo del ocaso
aún no se apagaba,
provocadora y bella rea incomprendida
en tus bruñidos senos clandestinos
mueren las incautas sombras excitadas,
moneda solitaria,
centinela noctámbula
en tu escote de arrabales soñolientos,
clava la noche su envidiosa mirada,
prostituta fascinante,
mariposa cenicienta
volando de cama en cama,
esta noche invítame a dormir
sobre el bruno rayón de tus sábanas,
yo te escribo un erótico poema
y tu te dejas seducir,
completamente entregada.
Última edición:
