A menudo estaba libre,
y sin embargo era un sueño;
a menudo te soñaba,
pero sólo eras un juego;
a menudo respiraba
y sin embrago estaba muerto,
ya el amor me había quitado
mis más puros sentimientos.
Divisaba en el ayer
lo que alguna vez yo fuí,
la inocencia de tu alma
desnudándose a mis ansias;
yo te amaba, no lo niego,
pero no supe que hacer
si quererte como niña
o amarte como mujer.
Así pasaron los días,
yo sumergido en mis penas
tú creciendo con los años,
y cada día más bella,
yo cada día más sólo
echando al viento mis velas,
añorando tu regreso
como el que añora una estrella.
Sin saber me hice más viejo
y no recordé tu nombre,
sólo estaba tu silueta
perdida en el horizonte
era una imagen difusa,
perdida entre mis recuerdos,
sueños y realidades
desgastados por el tiempo.
Y aquel día de mi muerte
sentí en mis labios un beso,
sentí un llanto que quemaba
cada parte de mi piel,
abrí mis ojos cansados
por una última vez,
miré el brillo tembloroso
de una estrella en el vacío;
caía de mis recuerdos
la silueta de una mujer
dejándome sólo un vestigio
de aquello que pudo ser.
y sin embargo era un sueño;
a menudo te soñaba,
pero sólo eras un juego;
a menudo respiraba
y sin embrago estaba muerto,
ya el amor me había quitado
mis más puros sentimientos.
Divisaba en el ayer
lo que alguna vez yo fuí,
la inocencia de tu alma
desnudándose a mis ansias;
yo te amaba, no lo niego,
pero no supe que hacer
si quererte como niña
o amarte como mujer.
Así pasaron los días,
yo sumergido en mis penas
tú creciendo con los años,
y cada día más bella,
yo cada día más sólo
echando al viento mis velas,
añorando tu regreso
como el que añora una estrella.
Sin saber me hice más viejo
y no recordé tu nombre,
sólo estaba tu silueta
perdida en el horizonte
era una imagen difusa,
perdida entre mis recuerdos,
sueños y realidades
desgastados por el tiempo.
Y aquel día de mi muerte
sentí en mis labios un beso,
sentí un llanto que quemaba
cada parte de mi piel,
abrí mis ojos cansados
por una última vez,
miré el brillo tembloroso
de una estrella en el vacío;
caía de mis recuerdos
la silueta de una mujer
dejándome sólo un vestigio
de aquello que pudo ser.