solano b
Poeta recién llegado
El Amor me hundía más sus espinas,
pero también animaba más mi alma
en la tristeza.
Las lágrimas que siempre iban
y venían
de mi soledad
tomaban ese gustillo
de sol o de ilusión.
Ya no me parecía tan fría
la gran ciudad,
alguien me cobijaba
en sus ojos
y me ofrendaba sus llamas
vivaces
con ternura.
No sentía ese cansancio indescriptible,
ni esa monótona apatía
en el paisaje.
Los segundos eran agradables al paladar
y uniforme el ritmo
de la esperanza.
El temor era una vela menguante.
La mañana se sentía
tan cerca con sus pájaros de oro,
su frescura salvaje
entraba por los enmohecidos poros
de la noche,
mi vieja columna vertebral.
pero también animaba más mi alma
en la tristeza.
Las lágrimas que siempre iban
y venían
de mi soledad
tomaban ese gustillo
de sol o de ilusión.
Ya no me parecía tan fría
la gran ciudad,
alguien me cobijaba
en sus ojos
y me ofrendaba sus llamas
vivaces
con ternura.
No sentía ese cansancio indescriptible,
ni esa monótona apatía
en el paisaje.
Los segundos eran agradables al paladar
y uniforme el ritmo
de la esperanza.
El temor era una vela menguante.
La mañana se sentía
tan cerca con sus pájaros de oro,
su frescura salvaje
entraba por los enmohecidos poros
de la noche,
mi vieja columna vertebral.