Bendita la distancia
Bendita la distancia que impide que padezca
el ansiar tu mirada, el soñar tu presencia,
rondar de madrugada tu oculta residencia
o el buscar tu fragancia, que haría que estremezca.
Bendita la ignorancia de aquello que parezca
promesa soterrada, extraña coincidencia,
lujuria enmascarada que inflame la inocencia,
llenándole del ansia que en tus labios perezca.
Pues tal es mi constancia, y tanta es mi paciencia,
que no descansaría, si no hasta convencerte
de que tu alma y la mía se atraen mutuamente.
Y parece arrogancia, oponer resistencia
a aquello que sería más fuerte que la muerte,
más brillante que el día, en el sol más ardiente.