Constantino
Poeta recién llegado
No me importa, bien-amada, que seamos pastizal de diferentes praderas,
y que sólo nos una un viento perdible, y con una lengua liviana.
Ah y siempre una espiga solitaria se mece en mí.
Amé desde mi campo el capullo de tu alma,
el dulce mercurio de ácidos días
disolviéndose en la boca del viento moribundo.
Y ah bien-amada, ¿quién sería yo para negar que busco el rocío que te baña?
En la vivencia de este atardecer de furioso naranja
ardo en amor como un arbusto seco, y sombrío.
Constantino H.
y que sólo nos una un viento perdible, y con una lengua liviana.
Ah y siempre una espiga solitaria se mece en mí.
Amé desde mi campo el capullo de tu alma,
el dulce mercurio de ácidos días
disolviéndose en la boca del viento moribundo.
Y ah bien-amada, ¿quién sería yo para negar que busco el rocío que te baña?
En la vivencia de este atardecer de furioso naranja
ardo en amor como un arbusto seco, y sombrío.
Constantino H.