Childe Harold
Poeta recién llegado
Bienaventurados
Porque una lágrima
es un poema a medio parir.
Es una gota de tristeza
que se va secando silenciosa
en la humedad de alguna mejilla.
¿Cuántos versos estarán muriendo
en la mar oscura del olvido?
En los párpados sagrados
de la Diosa Poesía...
Los años, el llanto, tus ojos,
la coyuntura eterna del amor.
Porque no hay dolor más profundo
que el que no nos atrevemos a sentir,
ni herida más amarga
que un corazón enamorado.
Bienaventurado el amante
que se esconde detrás de los faroles
moribundos de la madrugada.
Que se arrastra agonizante
por la incomprensión sistemática
de la maldita humanidad.
Bienaventurados los labios
que sollozan sedientos de placer.
Que se muerden por gritar un nombre...
Los inviernos, la lluvia, tus manos,
la promesa vigente de morir en tus brazos.
Porque una sonrisa
es un enorme nudo en la garganta.
Es un universo de sentires
camuflados en las apariencias.
Es necesidad y a veces hace falta.
¿Cuántos besos se han ido para siempre
reprimidos detrás de algún aliento?
En los confines místicos
de una noche desvelada...
Los dolientes, los enamorados, el destino,
del silencio la constante circunstancia.
Bienaventurados los lúnaticos
que se aferran a la locura...
Bienaventurados los traidores que traicionan
al régimen implacable del miedo...
Bienaventurados los valientes que enfrentan
a las fauces miserables de la mentira...
Bienaventurados los cobardes que huyen
de las garras terribles de la soledad...
¡Bienaventurados los que tengan el coraje
de enamorarse!
Porque una lágrima
es un poema a medio parir.
Es una gota de tristeza
que se va secando silenciosa
en la humedad de alguna mejilla.
¿Cuántos versos estarán muriendo
en la mar oscura del olvido?
En los párpados sagrados
de la Diosa Poesía...
Los años, el llanto, tus ojos,
la coyuntura eterna del amor.
Porque no hay dolor más profundo
que el que no nos atrevemos a sentir,
ni herida más amarga
que un corazón enamorado.
Bienaventurado el amante
que se esconde detrás de los faroles
moribundos de la madrugada.
Que se arrastra agonizante
por la incomprensión sistemática
de la maldita humanidad.
Bienaventurados los labios
que sollozan sedientos de placer.
Que se muerden por gritar un nombre...
Los inviernos, la lluvia, tus manos,
la promesa vigente de morir en tus brazos.
Porque una sonrisa
es un enorme nudo en la garganta.
Es un universo de sentires
camuflados en las apariencias.
Es necesidad y a veces hace falta.
¿Cuántos besos se han ido para siempre
reprimidos detrás de algún aliento?
En los confines místicos
de una noche desvelada...
Los dolientes, los enamorados, el destino,
del silencio la constante circunstancia.
Bienaventurados los lúnaticos
que se aferran a la locura...
Bienaventurados los traidores que traicionan
al régimen implacable del miedo...
Bienaventurados los valientes que enfrentan
a las fauces miserables de la mentira...
Bienaventurados los cobardes que huyen
de las garras terribles de la soledad...
¡Bienaventurados los que tengan el coraje
de enamorarse!
:: ::