Bitácora de la edad media.
El hombre no llega más allá del alcance de su brazo,
diría Montaigne.
Cuando yo era joven y orgulloso
mis palabras eran acantilados
que tenía que escalar para construir el verso.
Yo recuerdo el escurridizo vocabulario
y los ojos de mi alma no capturaban el color de las cosas.
La noche era simplemente negra,
pero ahora es más negra esa oscuridad
y es más clara esa luz.
Yo pude describir la brillantez de tu sonrisa,
pero no pude atrapar el calor de tu ternura,
ni conectar la magia de tu mirada
con la capacidad de tus ojos de abarcar el amor infinito.
Pude, entonces, escribir sobre el deseo
que tu cuerpo de hembra provoca; pude describir
la exquisitez de tus largas piernas, pero no el beso,
el beso precipitado en tus rodillas
y en el hermoso anillo de tu ombligo.
El jardín que sembramos, amor, hace tantos años,
todavía produce su estallido de colores cada primavera,
sólo que ahora, cada flor brota con su colores más brillantes
y sus pistilos emanan perfumes más concentrados.
Es hermoso, mujer, que aún podamos crear primaveras.
9 de Abril de 2009