Me gusta cuando la gente me habla.
Veo sus faroles brillar como cien soles,
cien botellas de cerveza agria, dos whiskys
sabor miel ácida sin orina en reposo.
Me enfocan mis oídos de mármol, más sordos
que un muro inglés. Mastican vocablos y los rompen
en penas, quejas de anciano guerrero, sueños sin oscuridad.
Lloran nieve sobre mis alas, pero vuelo,
mi mente vuela más allá de la ginebra.
Me gusta cuando creen que escucho.
En sus pupilas se ven caballos galopando
por los senos de una sierra murciana de ensueño.
Se corren hablando de sus sequías, de su fortuna
disfrazada de ríos de sangre esponjosa; sin rumbo.
Hablan, dicen que si bla esto, que si bla
no los ama, que bla es más cerdo
que su propia pezuña de mierda. Bla bla bla.
Bla es sin duda un hijo de puta.
Hablan de torres de madera en lo alto
de unos botines de piel; hablan de los que están hablando.
Se rozan con sus propias astillas, y lloran.
Siempre lloran más agujas de mierda helada, y les duele
llorar, y les duele bla. Puto bla
El estoque de su lengua los mata,
no dejan de suicidarse por idiotas, cobardes.
Látigos de espino marcan su fugaz carrera
por las neuronas de una olla exprés.
Y siguen
Más bla que bla. Son gallinas picoteando
en sus propios genitales, en su coño peludo,
en su polla de bilis. Moscas que se comen la mierda
que dejan ellas mismas, y vomitan, y mueren.
Y bla bla bla
Me encanta cuando la gente me habla.
Sus pelos se enrollan en sus dedos de la mano,
cae su tacto. Se enjuagan con el rocío
de los ojos, y quedan ciegos de luz. Comen de su boca,
echan sal y azufre a la lengua, y ni saben de sabores.
Agujerean las fosas nasales, las hacen más
aerodinámicas, respiran más aire fresco, menos caliente,
respiran vapor de somníferos, y pierden el don
de oler la orina y las flores, y esnifar copos de hierro.
Pero el oído, el oído lo perdí yo por ellos,
no quería que uno de mis nervios
pidiera la baja por trabajar en colina.
Pero la paciencia
¿Por qué no la perdí a ella? otra vez al mar muerto
de los peces de sal, tiburones de espejo y,
ballenas de bla bla bla. Y vuelta de hoja,
punto sin final, coma a media caída, disparo de salida
y bla bla bla
Veo sus faroles brillar como cien soles,
cien botellas de cerveza agria, dos whiskys
sabor miel ácida sin orina en reposo.
Me enfocan mis oídos de mármol, más sordos
que un muro inglés. Mastican vocablos y los rompen
en penas, quejas de anciano guerrero, sueños sin oscuridad.
Lloran nieve sobre mis alas, pero vuelo,
mi mente vuela más allá de la ginebra.
Me gusta cuando creen que escucho.
En sus pupilas se ven caballos galopando
por los senos de una sierra murciana de ensueño.
Se corren hablando de sus sequías, de su fortuna
disfrazada de ríos de sangre esponjosa; sin rumbo.
Hablan, dicen que si bla esto, que si bla
no los ama, que bla es más cerdo
que su propia pezuña de mierda. Bla bla bla.
Bla es sin duda un hijo de puta.
Hablan de torres de madera en lo alto
de unos botines de piel; hablan de los que están hablando.
Se rozan con sus propias astillas, y lloran.
Siempre lloran más agujas de mierda helada, y les duele
llorar, y les duele bla. Puto bla
El estoque de su lengua los mata,
no dejan de suicidarse por idiotas, cobardes.
Látigos de espino marcan su fugaz carrera
por las neuronas de una olla exprés.
Y siguen
Más bla que bla. Son gallinas picoteando
en sus propios genitales, en su coño peludo,
en su polla de bilis. Moscas que se comen la mierda
que dejan ellas mismas, y vomitan, y mueren.
Y bla bla bla
Me encanta cuando la gente me habla.
Sus pelos se enrollan en sus dedos de la mano,
cae su tacto. Se enjuagan con el rocío
de los ojos, y quedan ciegos de luz. Comen de su boca,
echan sal y azufre a la lengua, y ni saben de sabores.
Agujerean las fosas nasales, las hacen más
aerodinámicas, respiran más aire fresco, menos caliente,
respiran vapor de somníferos, y pierden el don
de oler la orina y las flores, y esnifar copos de hierro.
Pero el oído, el oído lo perdí yo por ellos,
no quería que uno de mis nervios
pidiera la baja por trabajar en colina.
Pero la paciencia
¿Por qué no la perdí a ella? otra vez al mar muerto
de los peces de sal, tiburones de espejo y,
ballenas de bla bla bla. Y vuelta de hoja,
punto sin final, coma a media caída, disparo de salida
y bla bla bla