Blanco y muerto, muerto y blanco

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay casas que sólo duran un instante.
Se perfilan al margen del mundo
con ventanas erróneas
y allí te espero, amada.
Donde la transparencia muestra su trigal
curvado hacia lo inalcanzable,
te espero entre el escalofrío de los abedules
blanco y muerto, muerto y blanco.

Mis capilares prometen un naufragio,
una marea que ha de perturbar campos.
El ángel erguido sobre la colina quemada,
las amapolas del miedo que desboca entre los abedules,
allí te espero
blanco y rojo, rojo y blanco.

¿Esos pájaros que chocan contra mi pecho,
no son un signo más de tu ausencia?
Entre mi pecho herido por alas de cobre
y la nube envejecida que cruza unos cielos de morfina
es donde te hallas, amor.

¿en que chimeneas de la soledad
deberíamos arrojar nuestro culto de mojarnos los labios
en aguas de olvido?
Te espero al margen de mí mismo,
enloquecido, con la fragua de los pájaros metálicos y divinos
y la voz circular, perdida en un tímpano de metralla.
 
Inmenso, desde el primer verso que lo inicia (Hay casas que sólo duran un instante), y que lo engloba y sintetiza con toda su carga de profundidad. El blanco de la muerte, el rojo del miedo trazan un mapa de desventura y al mismo tiempo dotan de fuerza y música a tu espléndido poema. Mi sincera felicitación, querido amigo. Un abrazo.
 
Hay casas que sólo duran un instante.
Se perfilan al margen del mundo
con ventanas erróneas
y allí te espero, amada.
Donde la transparencia muestra su trigal
curvado hacia lo inalcanzable,
te espero entre el escalofrío de los abedules
blanco y muerto, muerto y blanco.

Mis capilares prometen un naufragio,
una marea que ha de perturbar campos.
El ángel erguido sobre la colina quemada,
las amapolas del miedo que desboca entre los abedules,
allí te espero
blanco y rojo, rojo y blanco.

¿Esos pájaros que chocan contra mi pecho,
no son un signo más de tu ausencia?
Entre mi pecho herido por alas de cobre
y la nube envejecida que cruza unos cielos de morfina
es donde te hallas, amor.

¿en que chimeneas de la soledad
deberíamos arrojar nuestro culto de mojarnos los labios
en aguas de olvido?
Te espero al margen de mí mismo,
enloquecido, con la fragua de los pájaros metálicos y divinos
y la voz circular, perdida en un tímpano de metralla.
Magníficas letras! muy buen poema! saludos, y hasta el próximo verso.
 
Hay casas que sólo duran un instante.
Se perfilan al margen del mundo
con ventanas erróneas
y allí te espero, amada.
Donde la transparencia muestra su trigal
curvado hacia lo inalcanzable,
te espero entre el escalofrío de los abedules
blanco y muerto, muerto y blanco.

Mis capilares prometen un naufragio,
una marea que ha de perturbar campos.
El ángel erguido sobre la colina quemada,
las amapolas del miedo que desboca entre los abedules,
allí te espero
blanco y rojo, rojo y blanco.

¿Esos pájaros que chocan contra mi pecho,
no son un signo más de tu ausencia?
Entre mi pecho herido por alas de cobre
y la nube envejecida que cruza unos cielos de morfina
es donde te hallas, amor.

¿en que chimeneas de la soledad
deberíamos arrojar nuestro culto de mojarnos los labios
en aguas de olvido?
Te espero al margen de mí mismo,
enloquecido, con la fragua de los pájaros metálicos y divinos
y la voz circular, perdida en un tímpano de metralla.


Precioso poema, me encanta imaginar esos pájaros chocando como signo de ausencia, una nube envejecida, la espera al margen de uno mismo...

Un abrazo Marius

Palmira
 

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