Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Ya no fluyen más mis letras en las noches de amargura,
sopesando la tristeza que consume mi alma aguda.
Las palabras se han secado pues el viento le arrebata
las escuálidas formas desnudando la muerte innata
¡Ah que negro es el destino y que negra es la vida!
No porque exista algo que mi existencia calcina,
sino porque la tristeza clama como un canto que afina,
en medio de la noche cuando la luna alcanza la cima.
Ya no fluye más la tinta cuando la noche me acecha,
dejando mi alma sobria del néctar que emborracha,
con las ilusiones yertas sobre la absurda brecha,
como un cumulo de estrellas que mi cielo techa.
Mi lengua ha enmudecido, las corrientes apagan
las olas diminutas que a mi barca amagan,
los sueños han cesado y las palabras callan
y mis ojos niegan la vista en señal de que algo falla.
Ha pasado un largo tiempo, en que asesino abandone mi puerto,
retomando entre tumbos los caminos turbios de mí destino incierto,
mas cuando el Seol me reclama es porque me encuentro muerto,
cesando en desesperanzas todo aquello que yo creía cierto.
Ya no fluyen los versos que entonaban en la añoranza,
ya no vuelcan los sentidos en medio de bonanza,
porque mis caminos ha cesado mis pasos en la andanza,
al postrarme frente a mí los limites que mi sueño alcanza.
Mi silencio no comunica más, y el llanto ya no inunda
y la corriente sanguínea no calienta ya, mi razón inmunda,
escurriendo entre mis dedos del agua, cada gota,
borracho de obscuridad y la luz ya no me toca
sopesando la tristeza que consume mi alma aguda.
Las palabras se han secado pues el viento le arrebata
las escuálidas formas desnudando la muerte innata
¡Ah que negro es el destino y que negra es la vida!
No porque exista algo que mi existencia calcina,
sino porque la tristeza clama como un canto que afina,
en medio de la noche cuando la luna alcanza la cima.
Ya no fluye más la tinta cuando la noche me acecha,
dejando mi alma sobria del néctar que emborracha,
con las ilusiones yertas sobre la absurda brecha,
como un cumulo de estrellas que mi cielo techa.
Mi lengua ha enmudecido, las corrientes apagan
las olas diminutas que a mi barca amagan,
los sueños han cesado y las palabras callan
y mis ojos niegan la vista en señal de que algo falla.
Ha pasado un largo tiempo, en que asesino abandone mi puerto,
retomando entre tumbos los caminos turbios de mí destino incierto,
mas cuando el Seol me reclama es porque me encuentro muerto,
cesando en desesperanzas todo aquello que yo creía cierto.
Ya no fluyen los versos que entonaban en la añoranza,
ya no vuelcan los sentidos en medio de bonanza,
porque mis caminos ha cesado mis pasos en la andanza,
al postrarme frente a mí los limites que mi sueño alcanza.
Mi silencio no comunica más, y el llanto ya no inunda
y la corriente sanguínea no calienta ya, mi razón inmunda,
escurriendo entre mis dedos del agua, cada gota,
borracho de obscuridad y la luz ya no me toca