Évano
Libre, sin dioses.
Se metió en la bañera. Cogió el diario y colocó las yemas de los dedos sobre las letras. "Nunca más comeré jamón", leyó para sí mientras se estremecía por los recuerdos de tantos años agolpándose en las palabras ciegas.
Luego, como de costumbre, lloró al revivir el cuchillo jamonero en su mano, sus prisas para entregárselo y el abrazo efusivo con el que su marido solía sorprenderla.
Luego, como de costumbre, lloró al revivir el cuchillo jamonero en su mano, sus prisas para entregárselo y el abrazo efusivo con el que su marido solía sorprenderla.
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