PEQUEÑO GRANITO DE ANIS
Poeta asiduo al portal
Dichosa la mujer que muere en el parto.
le dijeron al demostrar que resultó
embarazada, siendo ella muy estrecha.
Mujer azteca, temerosa de su destino
y del de su marido que jugador de
pelota aguerrido, le espera la muerte
al término del partido.
Se amaban mas que a nadie en el mundo,
jóvenes se entrelazaron sus vidas sin
saber que ahora, por amor a sus dioses,
la perderían, ella con el nacimiento de
su cría, él, al resultar ganador de gran
contienda contra los tlalocas en campo
florido.
El grito de triunfo de Ahuizol ,se mezcla
con el de Xochipil al nacer su niño .
Ambos condenados a la muerte, desde
un inicio, ella dio el corazón a la tierra,
la Coatlicue hambrienta, al morir de parto
y él lo entregó a Huitzilopochtli dios de
la guerra, al ganar en el campo.
Admirados por su valor. Ella, refugio
y consuelo de otras mujeres, él, muestra
de gallardía de muchos aprendices que
aún, se preparan en el arte de la guerra
o de la pelota sagrada. Seguros ahora
cruzan el río que les llevará al Tlalocan,
cual destellos alados.
Se alzan más allá de las estrellas sin sus cuerpos mutilados.
le dijeron al demostrar que resultó
embarazada, siendo ella muy estrecha.
Mujer azteca, temerosa de su destino
y del de su marido que jugador de
pelota aguerrido, le espera la muerte
al término del partido.
Se amaban mas que a nadie en el mundo,
jóvenes se entrelazaron sus vidas sin
saber que ahora, por amor a sus dioses,
la perderían, ella con el nacimiento de
su cría, él, al resultar ganador de gran
contienda contra los tlalocas en campo
florido.
El grito de triunfo de Ahuizol ,se mezcla
con el de Xochipil al nacer su niño .
Ambos condenados a la muerte, desde
un inicio, ella dio el corazón a la tierra,
la Coatlicue hambrienta, al morir de parto
y él lo entregó a Huitzilopochtli dios de
la guerra, al ganar en el campo.
Admirados por su valor. Ella, refugio
y consuelo de otras mujeres, él, muestra
de gallardía de muchos aprendices que
aún, se preparan en el arte de la guerra
o de la pelota sagrada. Seguros ahora
cruzan el río que les llevará al Tlalocan,
cual destellos alados.
Se alzan más allá de las estrellas sin sus cuerpos mutilados.
Última edición: