Domingo Bazán Campos
Poeta recién llegado
I
No tienes derecho a enseñarme a quererte y luego marcharte.
II
Tienes, no obstante, derecho a, luego de amarme plenamente, marcharte en paz.
III
Tienes, de todos modos, derecho a recibir y gozar del amor que me provocaste.
IV
Eres sujeto con plenos derechos de amor; bien si lo entregas, bien si lo demandas.
V
Entre tu derecho al amor y tu derecho al olvido, no tienes derecho a olvidarte de este amor.
VI
En el uso de tu derecho al amor, debes orientar tus actos vitales desde el derecho a la libre expresión.
VII
Los otros no tienen derecho a malentender tu amor ni a desconocer su legítima expresión.
VIII
Tienes derecho a sanar tus heridas de amor con más y mejores experiencias de amor.
IX
Tienes derecho a vivir en soledad, por amor al amor, por amor a ti misma o por amor al otro.
X
Tienes derecho a vivir el amor a lo largo y ancho de tu vida, como exigencia y como donación.
XI
Tienes la obligación de meterle deseo y locura a tu amar; y de exigir toda la reciprocidad posible.
XII
Tienes derecho a exigir lealtad en el amor, pero no a renunciar a tu derecho cotidiano de elegir con quién y cómo estar.
No tienes derecho a enseñarme a quererte y luego marcharte.
II
Tienes, no obstante, derecho a, luego de amarme plenamente, marcharte en paz.
III
Tienes, de todos modos, derecho a recibir y gozar del amor que me provocaste.
IV
Eres sujeto con plenos derechos de amor; bien si lo entregas, bien si lo demandas.
V
Entre tu derecho al amor y tu derecho al olvido, no tienes derecho a olvidarte de este amor.
VI
En el uso de tu derecho al amor, debes orientar tus actos vitales desde el derecho a la libre expresión.
VII
Los otros no tienen derecho a malentender tu amor ni a desconocer su legítima expresión.
VIII
Tienes derecho a sanar tus heridas de amor con más y mejores experiencias de amor.
IX
Tienes derecho a vivir en soledad, por amor al amor, por amor a ti misma o por amor al otro.
X
Tienes derecho a vivir el amor a lo largo y ancho de tu vida, como exigencia y como donación.
XI
Tienes la obligación de meterle deseo y locura a tu amar; y de exigir toda la reciprocidad posible.
XII
Tienes derecho a exigir lealtad en el amor, pero no a renunciar a tu derecho cotidiano de elegir con quién y cómo estar.
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