Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
El verbo patinaba en sus labios de hielo,
kamikaze fogoso en la memoria,
curtido en discursiva,
silenciado por uñas impregnadas
en mares desalmados,
como anfibios o ángeles,
cuyo cielo accionaba una palanca.
Mi cielo no es el tuyo, como ves.
Alarmas de papel, cuadriculadas,
con un riesgo inequívoco, con un único aviso.
Ah, qué libro escribió una sola página,
si algo en lo que creer articula palabras.
Ah, que amor lo deshizo,
cuando digo invisible, y se arrastran fantasmas.
Ah, qué cosmovisión puede arrancarme el pecho
para que la triture.
Ah, ¡infinito senil, recuerda!
kamikaze fogoso en la memoria,
curtido en discursiva,
silenciado por uñas impregnadas
en mares desalmados,
como anfibios o ángeles,
cuyo cielo accionaba una palanca.
Mi cielo no es el tuyo, como ves.
Alarmas de papel, cuadriculadas,
con un riesgo inequívoco, con un único aviso.
Ah, qué libro escribió una sola página,
si algo en lo que creer articula palabras.
Ah, que amor lo deshizo,
cuando digo invisible, y se arrastran fantasmas.
Ah, qué cosmovisión puede arrancarme el pecho
para que la triture.
Ah, ¡infinito senil, recuerda!
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