Brindaré mi paleta,
con junglas de los jegloríficos
y los desagües de astros fosforescentes…
con los perros de humo, que son la calle...
gruñido de nieves y rastrillo en el pecho,
pálido abrigo de su ración metálica;
cuando estornudan su querer,
sobre un trapito de cielo.
Yo brindare mi paleta,
aquella que regresó de los naufragios de rosas,
y los velos del cóctel.
Con muérdagos y panteras;
versar a esa luna gitana, que ilumina los mojitos;
mesas cantarinas,
y esas chicas que danzan
por los rompientes de castañuelas verdes…
con ese reloj de cordilleras que compartimos.
Yo brindaré mi paleta,
por los bólidos de piel,
un fluir en rojo efervescente y plata…
a los cálidos portales,
tras los faros,
con cada “hasta pronto” y los horizontes de hilos…
a las noches que continúan,
con mágicos cimientos y mansiones de uvas,
en colores pastel…
las esperanzas que quieren cristalizar sobre el tapete,
y todos los murciélagos de sus melodías.
con junglas de los jegloríficos
y los desagües de astros fosforescentes…
con los perros de humo, que son la calle...
gruñido de nieves y rastrillo en el pecho,
pálido abrigo de su ración metálica;
cuando estornudan su querer,
sobre un trapito de cielo.
Yo brindare mi paleta,
aquella que regresó de los naufragios de rosas,
y los velos del cóctel.
Con muérdagos y panteras;
versar a esa luna gitana, que ilumina los mojitos;
mesas cantarinas,
y esas chicas que danzan
por los rompientes de castañuelas verdes…
con ese reloj de cordilleras que compartimos.
Yo brindaré mi paleta,
por los bólidos de piel,
un fluir en rojo efervescente y plata…
a los cálidos portales,
tras los faros,
con cada “hasta pronto” y los horizontes de hilos…
a las noches que continúan,
con mágicos cimientos y mansiones de uvas,
en colores pastel…
las esperanzas que quieren cristalizar sobre el tapete,
y todos los murciélagos de sus melodías.