laTondocua
Poeta recién llegado
La espalda sudada
mis años jóvenes
lo ven como
el tesoro mas preciado
de mi pudor enseñado.
El reflejo de mi soledad,
la bendición de luz en mi cintura,
como si existiera la cercanía
de la tonta batalla
de los besos ensamblados.
Mi angustia ramifica
un estomago que se convierte
en el tronco de mis pesares
mirando para el cielo,
pidiendo clemencia por sentir demás.
Mis piernas largas, delgadas,
la extensión de mi calzado desnudo,
invoca palabras que dejo que surgan
como las semillas de mi ocio.
La caída del agua reflejada en ventanas,
convertidas en charco,
convertidas en otra piel de mi cuerpo.
La bendición de mis oídos
al escuchar un estas bien,
un maldito cuídate,
un irreparable nos vemos.
Pido el sueño eterno
como el instante en el que
se cierran mis ojos para
un milagroso mañana diestro,
ambulante, relativo campo
de acciones que he decidido
hacer pero no se cuanto durara.
Huelo salpicones
de brisas marinas,
de calientes corridos,
de rostros sometidos
a la porquería que queremos
convertir diariamente.
Y aun así sonrió.
A pesar del triste final pausado.
mis años jóvenes
lo ven como
el tesoro mas preciado
de mi pudor enseñado.
El reflejo de mi soledad,
la bendición de luz en mi cintura,
como si existiera la cercanía
de la tonta batalla
de los besos ensamblados.
Mi angustia ramifica
un estomago que se convierte
en el tronco de mis pesares
mirando para el cielo,
pidiendo clemencia por sentir demás.
Mis piernas largas, delgadas,
la extensión de mi calzado desnudo,
invoca palabras que dejo que surgan
como las semillas de mi ocio.
La caída del agua reflejada en ventanas,
convertidas en charco,
convertidas en otra piel de mi cuerpo.
La bendición de mis oídos
al escuchar un estas bien,
un maldito cuídate,
un irreparable nos vemos.
Pido el sueño eterno
como el instante en el que
se cierran mis ojos para
un milagroso mañana diestro,
ambulante, relativo campo
de acciones que he decidido
hacer pero no se cuanto durara.
Huelo salpicones
de brisas marinas,
de calientes corridos,
de rostros sometidos
a la porquería que queremos
convertir diariamente.
Y aun así sonrió.
A pesar del triste final pausado.