chc
Christian
A Rosana.
Tengo entre mis manos
la solidez de tu estadía.
Y no es precisamente milagroso
que estés acompañando mis desvelos,
sino estrictamente necesario;
porque sabés, de tanto leer mi yo entrelíneas,
que mis ojos no se cierran,
por ver los tuyos cerrados.
Y podés darte cuenta
que el sendero que mi paso
graba en el suelo por las noches,
es tan sólo, o no tanto,
el mapa que destina
nuestra proa sin barco,
y es un renuente estado quieto
que tu bostezo moviliza.
No te pretendo siempre alerta,
por eso, me gustás, somnolienta,
recién despertada, apenas sonriente,
con tus labios cocidos
por la memoria de mis besos;
y allí, cuando cuesta entender
el sentido de tus palabras,
y que la noche dejó en vos
los estragos del descanso,
es cuando te miro, y pienso.
Pienso que si acaso
yo no te amara tanto,
como lo hago, como te muestro,
aún así te vería bella,
tan despeinada y desalineada
como la sábana,
que apenas cubre nuestra desvergüenza.
Me mirás y me decís,
con obesas bocanadas de alegría:
Buen día!
Y mi desvelo
te mira y te promete,
con afiebrada ternura:
Hasta luego!
Tengo entre mis manos
la solidez de tu estadía.
Y no es precisamente milagroso
que estés acompañando mis desvelos,
sino estrictamente necesario;
porque sabés, de tanto leer mi yo entrelíneas,
que mis ojos no se cierran,
por ver los tuyos cerrados.
Y podés darte cuenta
que el sendero que mi paso
graba en el suelo por las noches,
es tan sólo, o no tanto,
el mapa que destina
nuestra proa sin barco,
y es un renuente estado quieto
que tu bostezo moviliza.
No te pretendo siempre alerta,
por eso, me gustás, somnolienta,
recién despertada, apenas sonriente,
con tus labios cocidos
por la memoria de mis besos;
y allí, cuando cuesta entender
el sentido de tus palabras,
y que la noche dejó en vos
los estragos del descanso,
es cuando te miro, y pienso.
Pienso que si acaso
yo no te amara tanto,
como lo hago, como te muestro,
aún así te vería bella,
tan despeinada y desalineada
como la sábana,
que apenas cubre nuestra desvergüenza.
Me mirás y me decís,
con obesas bocanadas de alegría:
Buen día!
Y mi desvelo
te mira y te promete,
con afiebrada ternura:
Hasta luego!