Héctor Horacio Luisi
Poeta asiduo al portal
Abrazos y besos de oso,
La luz que destilan sus ojos,
Su blanca y rosada mejilla,
Su pelo dorado cual oro.
Su risa que es mi alegría,
Sus saltos y tantas cositas,
Son cosas que ella: mi hija,
Prodiga con gran energía.
Sus ojos redondos de asombro,
Su esbelta expresión tan renuente,
Son cosas que tengo en mi alma,
Labradas a fuego en mi mente.
Son cosas que llevo a la tumba,
Que hicieron mi vida exquisita,
Pues fuiste frutilla de un postre,
Que trajo valor a mis días.
Un día vendrá un caballero,
Hechizado por tanta beldad,
Si pienso que viene el momento,
Meditando me pongo a llorar.
Sin embargo a Dios le agradezco.
Me dejó disfrutar el momento.
Son tus cinco en mi remembranza,
Buen final. Igual que tus cuentos.
La luz que destilan sus ojos,
Su blanca y rosada mejilla,
Su pelo dorado cual oro.
Su risa que es mi alegría,
Sus saltos y tantas cositas,
Son cosas que ella: mi hija,
Prodiga con gran energía.
Sus ojos redondos de asombro,
Su esbelta expresión tan renuente,
Son cosas que tengo en mi alma,
Labradas a fuego en mi mente.
Son cosas que llevo a la tumba,
Que hicieron mi vida exquisita,
Pues fuiste frutilla de un postre,
Que trajo valor a mis días.
Un día vendrá un caballero,
Hechizado por tanta beldad,
Si pienso que viene el momento,
Meditando me pongo a llorar.
Sin embargo a Dios le agradezco.
Me dejó disfrutar el momento.
Son tus cinco en mi remembranza,
Buen final. Igual que tus cuentos.