pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
—Buenos días, amor. ¿Sabes que hoy ha salido un sol radiante?
—Perdone, se ha equivocado usted. Le deseo tenga buen día —Colgó.
Sus calcetines gruesos bajo las botas negras de caña alta se plantaron en la acera. El gabán colgaba hasta las rodillas. Bufanda de lana. Gorro impermeable. El paraguas de anuncio de la compañía de telecomunicaciones. Subió hasta arriba la cremallera del abrigo y cerró el último ojal, ese que pinza la nuez en la garganta.
Pero fueron las risas las que le cortaron la respiración; risas y más risas, a derecha e izquierda, por detrás y desde las ventanas; risas femeninas, juveniles, joviales, locuaces y solaces…
—Pero… ¿la primavera?
… fueron ellas las que sí le quitaron la ropa.
—Perdone, se ha equivocado usted. Le deseo tenga buen día —Colgó.
Sus calcetines gruesos bajo las botas negras de caña alta se plantaron en la acera. El gabán colgaba hasta las rodillas. Bufanda de lana. Gorro impermeable. El paraguas de anuncio de la compañía de telecomunicaciones. Subió hasta arriba la cremallera del abrigo y cerró el último ojal, ese que pinza la nuez en la garganta.
Pero fueron las risas las que le cortaron la respiración; risas y más risas, a derecha e izquierda, por detrás y desde las ventanas; risas femeninas, juveniles, joviales, locuaces y solaces…
—Pero… ¿la primavera?
… fueron ellas las que sí le quitaron la ropa.
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