Alberto J. Pacheco Buezo
Poeta recién llegado
Amanecía,
me sentaba en la cama
mis manos hacían la primer travesura
y le descubrían de las sabanas.
La luz del sol, como versaba Sabina
entraba como ladrón por la ventana
con una brillantez plateada.
Paradójicamente
el sol le dibujaba sombras.
Trazados oscuros en su cuerpo de mujer;
su cuerpo perfecto con pancita,
bellísimo con sus estrías
que me recuerdan preciosas playas.
Maravilloso en cada imperfección
invita a mis labios a desayunarle a besos,
a que lo primero que sienta al amanecer
sea la forma que es amada.
Usted despierta sonriente
y yo le digo -es hermosa-.
me sentaba en la cama
mis manos hacían la primer travesura
y le descubrían de las sabanas.
La luz del sol, como versaba Sabina
entraba como ladrón por la ventana
con una brillantez plateada.
Paradójicamente
el sol le dibujaba sombras.
Trazados oscuros en su cuerpo de mujer;
su cuerpo perfecto con pancita,
bellísimo con sus estrías
que me recuerdan preciosas playas.
Maravilloso en cada imperfección
invita a mis labios a desayunarle a besos,
a que lo primero que sienta al amanecer
sea la forma que es amada.
Usted despierta sonriente
y yo le digo -es hermosa-.