Bufete

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
Solía decirle cada día que era hermosa
que su piel podía broncearme los lunares
que su boca ardía como fuego entre manjares
y que la soñaba de costa a costa.

Ella replicaba con sonrisas
y hacía con mis sueños, juegos malabares,
hay problemas en esta cápsula terrícola
que se va quedando anclada en tus paisajes.

Era como un jardín
donde brotaban las más majestuosas flores
y al contacto de su voz
he escuchado yo, que ni el mismo Dios se le interpone.

Se disgustaba si callado la dejaba hablando sola
pero no era por malcriado,
era que no quería interrumpir
el canto de su melodía en estas zonas arenosas.

Me prometí cuidarla cuando se durmiera
y aunque más de doscientos kilómetros hubiera
tomaría un taxi en mis sueños para no dejarla sola,
y ser el remanso en que descansen sus olas.

Era como un volcán
a punto de descorchar esa alegría
que ponía en mis oídos cuando se reía
inclusive de mí.

He escuchado yo, que ni el mismo Dios se le interpone,
y que su casa es un bufete
donde el amor sirve de menú
para asegurarse de que ella se lo come.
 
Solía decirle cada día que era hermosa
que su piel podía broncearme los lunares
que su boca ardía como fuego entre manjares
y que la soñaba de costa a costa.

Ella replicaba con sonrisas
y hacía con mis sueños, juegos malabares,
hay problemas en esta cápsula terrícola
que se va quedando anclada en tus paisajes.

Era como un jardín
donde brotaban las más majestuosas flores
y al contacto de su voz
he escuchado yo, que ni el mismo Dios se le interpone.

Se disgustaba si callado la dejaba hablando sola
pero no era por malcriado,
era que no quería interrumpir
el canto de su melodía en estas zonas arenosas.

Me prometí cuidarla cuando se durmiera
y aunque más de doscientos kilómetros hubiera
tomaría un taxi en mis sueños para no dejarla sola,
y ser el remanso en que descansen sus olas.

Era como un volcán
a punto de descorchar esa alegría
que ponía en mis oídos cuando se reía
inclusive de mí.

He escuchado yo, que ni el mismo Dios se le interpone,
y que su casa es un bufete
donde el amor sirve de menú
para asegurarse de que ella se lo come.


Genial!! Me encanto :)
 
Solía decirle cada día que era hermosa
que su piel podía broncearme los lunares
que su boca ardía como fuego entre manjares
y que la soñaba de costa a costa.

Ella replicaba con sonrisas
y hacía con mis sueños, juegos malabares,
hay problemas en esta cápsula terrícola
que se va quedando anclada en tus paisajes.

Era como un jardín
donde brotaban las más majestuosas flores
y al contacto de su voz
he escuchado yo, que ni el mismo Dios se le interpone.

Se disgustaba si callado la dejaba hablando sola
pero no era por malcriado,
era que no quería interrumpir
el canto de su melodía en estas zonas arenosas.

Me prometí cuidarla cuando se durmiera
y aunque más de doscientos kilómetros hubiera
tomaría un taxi en mis sueños para no dejarla sola,
y ser el remanso en que descansen sus olas.

Era como un volcán
a punto de descorchar esa alegría
que ponía en mis oídos cuando se reía
inclusive de mí.

He escuchado yo, que ni el mismo Dios se le interpone,
y que su casa es un bufete
donde el amor sirve de menú
para asegurarse de que ella se lo come.
Me ha gustado, sentimientos en el marco de un lenguaje moderno y certero en su objetivo. Un abrazo amigo Robsalz. Paco.
 
Me encontré con un poema intenso, profundo, descriptivo y lleno de apasionamiento personal;
querido Roberto... siga así con esa fuerza tan llena de lirismo. felicitaciones ... Puedo darme una
vueltita por su casa compañero... ? No se me enoje por favor... jajaja

El Gitano.​
 
Última edición:
Me encontré con un poema intenso, profundo, descriptivo y lleno de apasionamiento personal;
querido Roberto... siga así con esa fuerza tan llena de lirismo. felicitaciones ... Puedo darme una
vueltita por su casa compañero... ? No se me enoje por favor... jajaja

El Gitano.​
Por supuesto que puedes pasar a mi casa, amigo Gitano, tomamos un café y disfrutamos una buena charla. Eso sí, el amor de ella solo me lo como yo. Un placer recibirte por acá.
 
Solía decirle cada día que era hermosa
que su piel podía broncearme los lunares
que su boca ardía como fuego entre manjares
y que la soñaba de costa a costa.

Ella replicaba con sonrisas
y hacía con mis sueños, juegos malabares,
hay problemas en esta cápsula terrícola
que se va quedando anclada en tus paisajes.

Era como un jardín
donde brotaban las más majestuosas flores
y al contacto de su voz
he escuchado yo, que ni el mismo Dios se le interpone.

Se disgustaba si callado la dejaba hablando sola
pero no era por malcriado,
era que no quería interrumpir
el canto de su melodía en estas zonas arenosas.

Me prometí cuidarla cuando se durmiera
y aunque más de doscientos kilómetros hubiera
tomaría un taxi en mis sueños para no dejarla sola,
y ser el remanso en que descansen sus olas.

Era como un volcán
a punto de descorchar esa alegría
que ponía en mis oídos cuando se reía
inclusive de mí.

He escuchado yo, que ni el mismo Dios se le interpone,
y que su casa es un bufete
donde el amor sirve de menú
para asegurarse de que ella se lo come.

Cómo siempre amigo Roberto un placer disfrutar de tus excelentes versos. Saludis
 

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