No es tu boca la que me besa,
es el filo tibio de tu deseo,
abriéndose camino en la sombra húmeda
donde mi piel arde solo con pronunciar tu nombre.
Tus ojos, oscuros y afilados
me desnudan más que tus manos;
cuanto más dejas asomar esa sonrisa de pecado,
más me hundo en la tentación de tu veneno.
Clava tu flecha, indio salvaje,
que mi cuerpo ya tiembla de esperarte.
Quiero cabalgar la noche sobre ti,
mientras el mar nos ovilla
y la sal se mezcla con el sudor de nuestra entrega.
Contigo no es carne… es incendio.
Es un huracán suave que me arrastra
hasta dejarme perdida y temblando en tu orilla.
Despiértame con la emboscada de tu lengua,
haz que me quede sin aliento antes del amanecer.
Muerde mi boca hasta que sangre la miel,
bésame como si quisieras beberme entera.
Quiero recorrer con mis dedos
cada curva de tu cuerpo erguido,
sentirlo vibrar bajo el peso de mi deseo.
Tu mirada, media noche y relámpago,
me arranca el pudor y me deja abierta al placer.
No te has ido,
y ya deseo tenerte rompiéndome de nuevo.
-Dior
es el filo tibio de tu deseo,
abriéndose camino en la sombra húmeda
donde mi piel arde solo con pronunciar tu nombre.
Tus ojos, oscuros y afilados
me desnudan más que tus manos;
cuanto más dejas asomar esa sonrisa de pecado,
más me hundo en la tentación de tu veneno.
Clava tu flecha, indio salvaje,
que mi cuerpo ya tiembla de esperarte.
Quiero cabalgar la noche sobre ti,
mientras el mar nos ovilla
y la sal se mezcla con el sudor de nuestra entrega.
Contigo no es carne… es incendio.
Es un huracán suave que me arrastra
hasta dejarme perdida y temblando en tu orilla.
Despiértame con la emboscada de tu lengua,
haz que me quede sin aliento antes del amanecer.
Muerde mi boca hasta que sangre la miel,
bésame como si quisieras beberme entera.
Quiero recorrer con mis dedos
cada curva de tu cuerpo erguido,
sentirlo vibrar bajo el peso de mi deseo.
Tu mirada, media noche y relámpago,
me arranca el pudor y me deja abierta al placer.
No te has ido,
y ya deseo tenerte rompiéndome de nuevo.
-Dior